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La Navidad

24 Dic

Un día que cambió la historia, un día que nos hace cambiar cómo personas, un día que la humanidad no olvida, aunque si se ha olvidado su verdadero significado.

Cuán importante es esta fecha para nosotros, una fecha en la que recordamos el amor de Dios, un amor que traspasó barreras, aunque nosotros mismos nos sentíamos indignos de ser perdonados por Él, Él no lo vio de ese modo, y nos dio el mejor regalo de la creación a Jesucristo el Salvador.

Un nacimiento que sin duda trajo cambios, trajo esperanza, al fin había nacido El redentor.

Ángeles cantando, reyes magos viajando, un rey buscando matar al mesías, todo había cambiado, las profecías se cumplían, Dios estaba entre nosotros.

Un bebe sin igual había nacido, pastores lo visitaron acostado en un pesebre, los padres habían viajado y no encontraron lugar, el mesías, el redentor había venido al mundo de una forma en la que nadie espero, nadie se imagino, el Redentor nació en Belén.

Profetizado más no comprendido, como no pudieron ver que ya estaba entre nosotros aquel que llegó a cambiar la historia de la humanidad, ese nacimiento que dividió nuestra historia.

El mundo hasta hoy conmovido por ese nacimiento, pero la historia no terminó ahí, el niño creció en gracia y sabiduría, vino a cumplir la voluntad del Padre que lo envió, vino a morir por nosotros, vino a pagar el precio de la salvación.

Desde el vientre lo sabía, cada golpe, cada dolor que sufriría, mientras vivía lo tenía en mente, el dolor que había venido a padecer para poder salvarnos, pero no le importaba, Él nos amó, ya estaba decido en su corazón, Él no fallaría.

Llego el tiempo de la prueba, “pasa de mi esta copa, pero hágase tu voluntad” y así fue, hizo su voluntad, “herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecado, el precio de nuestra paz fue sobre Él”, “Dios cargo en Él el pecado de todos nosotros”, “Angustiado Él y afligido, no abrió su boca;  como cordero fue llevado al matadero;  y como oveja delante de sus trasquiladores,  enmudeció,  y no abrió su boca”

Así se cumplía el precio de nuestra libertad, más al tercer día resucitó, demostrando su verdadera esencia, no un pensador, no un filósofo sino el verdadero hijo de Dios.

Y ahora después de tantos años cuantas personas se han acercado a Él y han encontrado la vida, la paz y el perdón, porque aquel que invoca su nombra será salvo, y al final cuando toda nuestra vida terrenal se termine y estemos delante de Él “verá el fruto de la aflicción de su alma,  y quedará satisfecho”, nos otorgará la vida eterna, aunque nosotros ya la llevamos en el corazón, desde el momento en que se lo entregamos a Él, porque Él es la verdadera razón de la navidad y de toda nuestra vida, Jesús el mesías, Él hijo del Dios viviente.

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Publicado por en 24 diciembre 2009 en Reflexiones

 

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