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Archivos Mensuales: junio 2011

El tesoro escondido y La perla de gran precio

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Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró. (Mateo 13:44-46)

En ambas parábolas el reino de los cielos es comparado a objetos de gran valor.

En la primera parábola se le compara con un tesoro escondido, y es que para muchos el evangelio parece estar escondido, hasta que lo descubre y entonces comprenden su gran valor, lo cual le produce gran gozo.

En la segunda parábola se le compara con un mercader que busca buenas perlas, eso significa que todos andamos por la vida buscando algo que pueda llenar el deseo de nuestro corazón, hasta que por fin encontramos la perla preciosa que es capaz de llenar el vacío de nuestros corazones la cual es Cristo.

Lo que tienen en común ambas parábolas es que en ambos casos al hallar semejantes tesoros estos personajes venden todo lo que tienen para poder adquirirlos.

Estos personajes comprenden que no existe nada en el mundo, ni en sus vidas que se pueda comparar o que sea más valioso que aquel tesoro que han encontrado.

Es por eso que nosotros que hemos tenido la increíble oportunidad de haber encontrado a Jesús (el cual es más valioso que cualquier tesoro o perla que podamos imaginar), seamos capaces de dejar todo lo que nos aleja de Él y darle todo nuestro ser para poder seguirle.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2 Corintios 5:17)

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante (Filipenses 3:13)

Por último hermanos recordemos que el primer mandamiento es amar a nuestro Dios con todo lo que somos (Marcos 12:30) y como dice la palabra de Dios: Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (Lucas 12:34), asegurémonos que ese tesoro sea siempre Jesucristo nuestro Señor y Salvador.

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Publicado por en 12 junio 2011 en Enseñanzas

 

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