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Archivos Mensuales: abril 2015

No juzguéis

juzgar

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Mateo 7:1

Observo con mucha con mucha tristeza como los cristianos hemos olvidado lo que nos enseñó el Maestro: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. Mateo 7:2

Hoy en día sabemos que la iglesia está pasando por crisis, existe mucha apostasía, se han levantado muchos “falsos profetas” pero no nos hemos percatado que también se han levantado de entre nosotros lobos vestidos de ovejas que usan la mala crítica y el juzgar para dividir a la iglesia.

Me da lástima ver como juzgamos por apariencias y no por los frutos, juzgamos según el número de miembros, lo grande que es el lugar de reunión o lo novedoso que son sus doctrinas.

Acusamos de falsos a aquellos que no logran estar en el nuevo “standard”, a aquellos que innovan con rectitud, o aquellos de los cuales ya se habla mal pero que nunca hemos tenido la valentía de revisar sus obras, sus frutos o doctrina.

Hemos cambiado lo que Jesús nos dijo: No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. Juan 7:24

Quiero que entiendan que no estoy en contra de proteger la sana doctrina, pero la biblia nos enseña que debemos exhortarnos (Hebreos 13:3) y no acusarnos mutuamente.

Recordemos que David tuvo miedo de levantar su mano en contra del ungido de Jehová (1Samuel 24:6), incluso Pablo dijo: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo (Hechos 23:5), y hoy en nuestros tiempos juzgamos muy a la ligera, dejándonos llevar por lo que otros dicen.

Por último les recuerdo que antes de juzgar, criticar o acusar, examinemos primero nuestros propios corazones, no permitamos que lo que otros dicen nos convenza a lanzar la primera piedra sin corregir nuestras faltas y examinar con cuidado las obras de los demás.

¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. Mateo 7:3-5

 
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Publicado por en 19 abril 2015 en Enseñanzas, Reflexiones

 

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Relatando la Pasión

Jesús, Juan y Pedro

Juan: Pedro, ¿Por qué me has traído aquí?

Pedro: Amigo, necesito pedirte un favor, quiero que me relates… La crucifixión de nuestro Señor.

Juan: ¿Por qué ahora? No deberías ya culparte, sé que nuestro Maestro te ha perdonado, yo me acerqué a ustedes y escuché parte de su conversación…

Pedro: Sé que me ha perdonado, le he dicho también cuanto le amo, y es por eso que quiero saber su pasión, así lo llamaste tú aquel día. Yo no estaba presente cuando se lo contaste al resto, pero hoy quiero conocer todo lo que aconteció, necesito saber todo lo que Él soportó por amor a nosotros.

Juan: Como recordáis, después de Getsemaní Jesús fue llevado por los soldados a ver al sumo sacerdote.

Pedro: Recuerdo el interrogatorio y… tenía tanto miedo, me avergoncé y temía por mi vida… no pude callar, y tras negarle el gallo cantó y su mirada se posó sobre mí… lloré amargamente y no me sentí digno de seguirle.

Juan: Sé lo que pasó y nadie te culpa por ello, siempre fuiste el más valeroso de nosotros.

En aquel interrogatorio primero ante Anás y luego ante Caifás fue muy golpeado… le escupían, le abofeteaban y se mofaban, todo lo que decían eran mentiras.

Muy de mañana lo llevaron con Pilatos, luego con Herodes y regresó otra vez a Pilatos.

Pedro: Es ridículo la cantidad de interrogatorios a los que fue sometido.

Juan: Los sacerdotes pagaron por testigos falsos que le acusasen, tenían miedo de una revuelta y querían matarle.

Pilatos tras le segunda entrevista, decidió que fuera el pueblo quien escogiera si lo liberaban a Él o a Barrabas.

Pedro: Escogieron a un asesino antes de aquel que había sanado a sus enfermos, que echó fuera sus demonios y predicó en su templo.

Juan: Pilatos lo mandó a azotar… Me encontraba con su madre y María Magdalena cuando comenzaron a azotarle… la sangre corría por su piel lacerada, pero Él no se quejaba, no reclamó nada.

Ciertamente Él fue una oveja llevada al matadero, durante toda esa tortura su mirada jamás cambió, seguía teniendo misericordia de aquellos que lo lastimaban cruelmente.

Pilato insistió pero obtuvo la misma respuesta del pueblo y tras lavarse las manos lo mandó a crucificar.

Pedro: Con su espalda… la cruz debió lastimarle terriblemente.

Juan: Fue peor que eso, los guardias no dejan de golpearle y le pusieron… una corona de espinas en su cabeza.

Era difícil reconocerle, los golpes habían desfigurado su rostro, tenía el rostro muy hinchado, la barba le había sido arrancada, su piel estaba toda manchada de sangre y lastimada.

Soportó el tener que caminar desangrándose y él solo cargó el peso de la cruz, hasta que poco antes de llegar y casi sin fuerzas fue ayudado y al llegar al Gólgota lo crucificaron.

Pedro: Hoy en la mañana mientras me preguntaba cuánto le amo no sabía todo esto, pero ahora que lo sé lo amo más que antes, y voy a demostrárselo, yo estoy dispuesto a dar mi vida porque por su amor fui perdonado a pesar de mis miedos y mis errores.

Juan: De tal manera nos amó que soportó todo aquello para darnos salvación, su amor jamás se termina, Él es el amor, y yo al igual que tú estoy dispuesto a pasar cárceles y pruebas por agradar a aquel que nos amó primero.

 
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Publicado por en 5 abril 2015 en Reflexiones

 

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