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Tus pensamientos

Jesús pensando

¿Qué podría pensar el gran Redentor del mundo?

¿Qué pensamientos tendría aquel que nos creó cuando se encontraba solo en una tarde?

Ahora es humano, se encuentra rodeado por mortales que no logran comprenderle.

Se sorprende de la fe de un gentil y se asombra de la incredulidad de su pueblo.

Quizá pensaría en los logros que traería su sacrificio o en el dolor terrible que habría de soportar.

Puede que pensara en nuestros rostros, en aquellas vidas que su amor salvaría.

Él que ha creado los cielos, de seguro disfrutaría de ver las estrellas en la noche o le gustaría observar los bellos atardeceres.

La naturaleza le reconoce, pero su mayor creación sigue ignorante de su presencia.

De seguro recordaría lo que es tener paciencia ante la terquedad de la humanidad.

También pensaría en sus discípulos, teniendo misericordia por Judas, sintiendo agrado por Juan o siendo comprensivo con Pedro.

¿Pero quién soy yo para entender tus pensamientos? Bien está escrito que tus pensamientos son más altos que los cielos.

Los mortales no podemos entender la complejidad de tus caminos o lo grande que son tus decisiones.

Somos polvo al que Tú has dado vida pero me asombra el poder tratar de comprenderte un poco más.

Tú tienes el poder para transformar el universo y Tú voz es capaz de crear lo que no existía.

Pero por un momento te pusiste en nuestra piel, sentiste lo mismo que nosotros, soportaste aquellas cargas que nosotros llevamos.

Nos amaste tanto que diste tu vida en el más loco plan para salvarnos, arriesgaste todo lo que eras para poder rescatarnos.

Ciertamente no puedo entenderte, pero me maravillo al tratar de entender tus pensamientos porque quisiera estar yo en uno de ellos.

Me gustaría poder escribir cada uno de tus pensamientos, pero yo sé que cada uno de ellos está lleno de amor hacia la humanidad.

Y que increíble sería aprender a pensar y vivir como Tú lo hiciste.

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Publicado por en 31 agosto 2014 en Reflexiones

 

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Oración: Examina mi corazón

orando

Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón. Salmo 26:2

Oh Dios mío examina mi corazón, porque los corazones pueden ser engañosos y dados al mal.

El corazón mal guiado se hace perverso, pervertido en sus ideas y egoísta en sus deseos.

Falsamente habla y busca deleitarse en sus pensamientos.

Busca saciar sus placeres y en su debilidad tuerce sus decisiones.

Cámbiame oh Dios, quita de mí la maldad de mi interior.

Sólo Tú conoces lo oculto de mis intenciones, Tú sabes que necesito de ti.

La inteligencia vuelve al corazón orgulloso, la belleza lo vuelve altanero, los logros lo vuelven soberbio y las decepciones lo endurecen.

Mi corazón es un mar inconstante, un oleaje que varía constantemente.

Padre, ayúdame a tener un corazón recto y que busque tu bien, cambia este órgano lleno de iniquidad y conviértalo en un instrumento útil a Ti.

No negaré mis faltas delante de Ti, porque Tú lo sabes todo.

Los susurros de mi alma son oídos por Ti y mis secretos Tú ya los conoces.

Examina hasta lo más profundo de mí y que tu luz alumbre todas mis tinieblas.

Has que mi corazón deje de supurar maldad y sana la obra de tus manos.

El pecado parece atractivo al corazón pero termina hiriéndolo y gastándolo.

Perdona mis faltas y la impiedad de mis pensamientos.

Ayúdame a ser más como Tú, para que entonces mi corazón pueda sanar.

Señor purifica mi corazón y ayúdame a vivir en tu voluntad.

Me asustan los pensamientos de mi alma y oscuras pueden volverse las intenciones del corazón.

Jesús lava mi interior y haz que resplandezca mi corazón.

Dios mío, ayúdame a tener un corazón conforme al tuyo.

Jesús ayúdame a tener un corazón digno de Ti, Amén.

 
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Publicado por en 19 enero 2014 en Oraciones, Reflexiones

 

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El niño de Belén

navidad

Es una oscura y estrellada noche a las afueras de Belén, el fuerte viento sopla sobre los verdes prados y el bramido de las ovejas es el mayor sonido que se escucha.

No tienen idea de todo lo que me ha costado llegar hasta aquí, pero todo mi sacrificio tendrá resultado al ver a aquel niño de Belén que cambió nuestras vidas.

Hoy nacerá a ya escasos minutos y a pocos kilómetros de aquí, un bebé, un salvador que es Cristo el Señor.

Me he conseguido ropa de la época y me he acercado con un puñado de ovejas entrenadas a un grupo de pastores que guardan las vigilias de la noche sobre su rebaño.

Ellos me reciben con alegría y se toman su tiempo para aconsejarme sobre los mejores prados que se puede conseguir poco lejos de Jerusalén.

De pronto el momento llega y todo comienza tan bíblicamente perfecto que es maravilloso poder saber los sucesos.

Un resplandor se acerca a nosotros, tiene forma humana y desciende tan rápido que no podemos reaccionar.

Aquel brillo nos dice: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

De pronto un resplandor más fuerte que el sol nos rodea, miles de brillos con formas humanas vuelan a nuestro alrededor cantando: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Nos miramos y comenzamos a correr, los animales nos siguen instintivamente y estamos yendo a toda prisa hacia Belén.

Mientras corro veo el cielo y los ángeles vuelan sobre nosotros iluminando con un resplandor hermoso el anochecer, su brillo es como el de los fuegos artificiales ardiendo sin detenerse.

Hay una fuerte luz iluminando un pequeño y abandonado establo, los pastores no creen que el mesías pueda estar allí, pero yo marcho hacia aquel lugar sin detenerme.

Ellos me siguen temerosos, yo abro la puerta de madera y allí puedo ver a aquella magnifica pareja contemplando al hermoso bebe recién nacido que está acostado en el pesebre.

José se preocupa pero María lo calma, uno de los pastores les cuenta lo que nos dijeron los ángeles y entonces acceden a que veamos al bebé.

Todos se arrodillan mientras se van acercando y yo intento avanzar lo más que puedo antes de hacerlo.

Lo veo perfectamente, tengo frente mío al ser más bello de toda la creación, es tan lindo, sus gestos son tan bellos y no puedo evitar llorar.

Ellos me miran extrañamente, porque para ellos este es un día de gozo y alegría, pero yo al verlo tan pequeño recuerdo todo lo que tendrá que soportar.

Solo yo sé la verdad de cómo el crecerá, predicará y ayudará a muchos, pero lo traicionarán, lo torturarán, tendrá que sufrir el dolor más extremo, se burlarán de él y lo crucificarán.

De pronto aquel bebé abre los ojos y mueve sus pequeñas manos, entonces comprendo que Él ya lo sabe, es solo un bebe pero sigue siendo el hijo de Dios.

Este el ser que más me ha amado, la persona que decidió dar su vida por amor, para que todos nosotros tuviéramos esperanza alegría y para que nuestra fe no sea en vano.

María me mira con ternura y José me abraza intentando comprender lo que acaba de suceder.

Los pastores se despiden, y yo decido acompañarlos, al salir nos ponemos a cantar la canción que cantaban los ángeles y regresamos contentos a las afueras de Belén.

Después de seguirlos un tramo, yo también me despido y cada uno de ellos me da un tierno abrazo, hoy hemos visto un milagro y el corazón lo tenemos rebosante de alegría.

Yo debo volver a mi tiempo y escribir lo que he visto, sé que no habrá palabras para poder describir aquel dulce encuentro, ni que tampoco podré describir aquella hermosa criatura pero al menos escribiré de aquel niño de Belén que nació para salvarme y viviré dándole mi vida a aquel hombre que lo dio todo por mí.

Feliz Navidad, les mando un gran abrazo a todos mis lectores, amigos, hermanos y compañeros, que Dios los bendiga muchísimo y llene sus hogares con su gloria y Amor.

 
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Publicado por en 24 diciembre 2013 en Reflexiones

 

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