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No retrocedas

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Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. Lucas 9:62

Existe una idea que tienen todos los atletas antes de una carrera: No pierde el que se cae sino aquel que se da por vencido.

Derek Remond era un atleta el cual era el favorito para ganar el oro en la carrera de oro en las olimpiadas de 1992.

Aunque había tenido lesiones previas, acababa de ganar la medalla de oro en el mundial de Tokyo en 1991.

Derek parecía encontrarse en su mejor momento y tras una vida de mucho esfuerzo sabía que quizá esta era su última oportunidad de alcanzar la medalla de oro en una olimpiada.

El 3 de agosto de 1992 suena el disparo inicial, 65mil personas incluido su padre lo ven correr y abrirse paso hasta los primeros lugares.

Después de correr más de 200m2, Derek escucha un chasquido en su pierna, un dolor terrible recorre su cuerpo y se desploma.

Derek no lo puede creer, se niega a darse por vencido, se levanta, pero la rotura en su pierna lo obliga a cojear, los paramédicos llegan a su encuentro sin embargo él se niega a rendirse, entre lágrimas, el dolor y la multitud que le grita que pare, él sigue avanzando.

Su padre Jim está viendo a su hijo sufrir en cada paso y no aguanta la escena, salta de su silla, golpea personas hasta poder bajar, burla la guardia de seguridad y rompiendo las reglas entra al campo a ayudar a su hijo, pero su hijo le dice que no va a parar.

Su padre está conmovido y al ver su determinación lo abraza, se convierte en su apoyo y avanzan juntos.

Los hombres de seguridad y paramédicos intentan detenerlos, pero el Padre los aleja diciendo: Es mi hijo. Y ambos llorando y avanzando van juntos hasta la meta.

El público entero se pone de pie, Derek no ganaría la medalla de oro aquel día, pero su determinación ha ganado la admiración del público, su padre al entrar al campo provocó la descalificación de su hijo, pero conmovió en inspiro a miles de personas.

A veces nosotros somos como aquel corredor, creemos que basta con tener buenos estudios, buenos contactos, tener un buen trabajo, pero de pronto comienzan los problemas, los traumas, las dificultades y sentimos que cojeamos y no podemos seguir.

Nunca debemos darnos por vencidos, debemos seguir adelante hasta el final, y cuando las fuerzas nos falten, también tenemos a un Padre que nos ve desde el cielo, baja a nuestro encuentro, nos abraza, nos apoya para que podamos seguir y les dice a los demás: Es mi hijo.

También sería bueno tener amigos, familiares, hermanos en Cristo que nos inspiren, nos motiven y también nos apoyen.

Jesús nunca te dejará: Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; Filipenses 1:6

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Publicado por en 27 septiembre 2016 en Enseñanzas, Reflexiones

 

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Corramos hacia la meta

Bannister

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Hebreos 12:1

En el año 1954 un atleta británico de nombre Roger Bannister causó gran controversia al decir que él rompería la marca por concluir una carrera de 1 milla antes de los 4 minutos.

Científicos de diversas partes del mundo habían pronosticado que tal hazaña era imposible, alegaban que los huesos de los seres humanos eran muy pesados o que nuestra piel era demasiado densa y no tenía la resistencia al viento favorable.

Un científico incluso dijo: No hemos sido creados para lograrlo.

Muchas personas fueron a ver la carrera en donde él competiría, esperando que ocurriera aquel milagro que para muchos parecía imposible.

Roger se puso en posición y empezó la carrera, corría a toda velocidad mientras los ojos de todo el auditorio estaban puestos en él.

Los minutos avanzaban y lentamente se acercaban a los aterradores 4 minutos, pero Roger no se rendía, no había nadie que pudiera acercársele y el estadio entero contaba cada segundo.

Muy cerca ya de la meta los relojes de todos contaban: 3.57min, 3.58min, 3.59min…

La carrera finalizó, Roger Bannister rompió la marca a los 3.59,4 minutos y aquella hazaña fue llamada la “milla milagro”.

A solo 46 días después se volvió a romper la marca, al año siguiente 37 personas ya la habían roto.

Entonces ¿Qué pasó? ¿Por qué no se pudo romper antes?

Lo que sucedía era evidente, los atletas del momento estaban mentalizados a que esa meta no se podía lograr y habían dejado de intentarlo, habían abandonado su pasión, habían perdido su hambre por la victoria y solo corrían por correr.

Muchas veces como cristianos pasamos por lo mismo, dejamos de esforzarnos por servir a Dios, abandonamos nuestra pasión y nos convertimos en cristianos sin una meta.

Dejamos nuestros sueños pensando que no los lograremos, permitimos que los pensamientos de desánimo nos convenzan que no podemos alcanzar nuestros destinos.

Hace 2 mil años atrás Jesús nos enseñó que vivir una vida conforme a Dios no era imposible, nos enseñó la meta y a lo largo de los años muchas personas nos han demostrado que si podemos alcanzarla.

Hoy nuestra meta debe ser la misma: ser como Jesús.

Volvamos y recuperemos la pasión, nuestra hambre por ser como Él, no permitamos que los miedos nos detengan de alcanzar nuestros destinos y como dijo Pablo: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 1Corintios 9:24

 
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Publicado por en 10 agosto 2014 en Reflexiones

 

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