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Sinfonía a Dios

Sinfonía a Dios

Un momento nunca visto por ojo humano está empezando a suceder.

El Dios omnipotente vestido en gloria se encuentra sentado en su gran trono, a su alrededor un innumerable número de seres angelicales le rodea.

La Trinidad reunida escucha el cántico de sus millones de seres celestiales, el estruendo de aquellas voces repercute por todas las galaxias.

Dios habla, a su mandato en un extremo del mundo los rayos solares responden y comienzan a calentar la tierra, las nubes forman bellas figuras para su Creador.

Del otro de la tierra la luna ilumina con belleza una hermosa noche llena de estrellas.

Las gotas de lluvia comienzan a caer siguiendo un compás, los truenos como golpes de tambores caen uno a uno.

Los animales se suman al cántico, cada quien al modo que Dios los diseñó alaban al Señor de toda la Creación.

De pronto Dios se levanta, pide silencio, los seres celestiales se detienen y el universo parece enmudecer.

Pide atención, sus huestes celestiales observan atentamente como en nuestro planeta algo empieza a ocurrir.

En un hogar una pequeña luz se enciende, es un hijo suyo el que ha despertado en la madrugada a orar.

Se pone de rodillas y comienza con lágrimas a hablar con el Padre, entre susurros conversa con el Autor de todo lo que existe.

Su tenue voz sube hasta el cielo, Dios con alegría disfruta de aquellas palabras que vienen del corazón sincero de su siervo.

Otra luz aparece y luego otra, muchos de sus hijos están despertando, cada uno en su dialecto da gloria al Altísimo.

Los ángeles asombrados vuelven a adorar, ahora toda la creación a una voz exalta al que gobierna por los siglos de los siglos.

Porque solo Cristo es digno de recibir toda la gloria y todo ser viviente se deleita al poder glorificar a su Hacedor.

Inspirado por la canción: La Sinfónica de Dios

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Si me perdonaras

amor celestial

Cuando veo los cielos, la luna y las estrellas, todas aquellas cosas que Tú has creado, puedo darme cuenta de lo insignificante que soy.

A pesar de eso, yo escogí hacer mi voluntad, me escribí una vida lejos de ti, y ahora estoy arrepentido de haberte dejado.

Oh Dios, si me perdonaras, mi corazón volvería a la vida.

Si me perdonaras, mi rostro volvería cambiaría su tristeza en alegría.

Si me perdonaras te llenaría de canciones para demostrarte que te amo.

Si me perdonaras mi cuerpo sentiría las fuerzas que ha perdido.

Si me perdonaras Tú llenarías cada uno de mis pensamientos.

Si me perdonaras volvería a soñar porque Tú serías mi futuro.

Si me perdonaras la vida volvería a tener sentido.

Si me perdonaras mis pies retomarían tu Camino.

Si me perdonaras mi alma dejaría de estar abatida.

Si me perdonaras mis brazos no dejarían de abrazarte.

Si me perdonaras mis ojos reflejarían el amor que sienten por Ti.

Si me perdonaras mi corazón sanaría de aquellas heridas que me cause.

Si me perdonas el enojo no hallaría cabida en mi interior.

Si me perdonaras no volvería a apartarme de tu rebaño.

Si me perdonaras la oscuridad no volvería a asustarme.

Si me perdonaras todos mis suspiros llevarían tu nombre.

Si me perdonaras buscaría tu guía para salir de los problemas.

Si me perdonaras podría confiar en que Tú me librarías del mal.

Si me perdonaras te escribiría mil poemas.

Si me perdonaras te ofrecería cada latido de mi corazón.

Si me perdonaras solo Tú serías el dueño de mi amor.

Tus pensamientos

Jesús pensando

¿Qué podría pensar el gran Redentor del mundo?

¿Qué pensamientos tendría aquel que nos creó cuando se encontraba solo en una tarde?

Ahora es humano, se encuentra rodeado por mortales que no logran comprenderle.

Se sorprende de la fe de un gentil y se asombra de la incredulidad de su pueblo.

Quizá pensaría en los logros que traería su sacrificio o en el dolor terrible que habría de soportar.

Puede que pensara en nuestros rostros, en aquellas vidas que su amor salvaría.

Él que ha creado los cielos, de seguro disfrutaría de ver las estrellas en la noche o le gustaría observar los bellos atardeceres.

La naturaleza le reconoce, pero su mayor creación sigue ignorante de su presencia.

De seguro recordaría lo que es tener paciencia ante la terquedad de la humanidad.

También pensaría en sus discípulos, teniendo misericordia por Judas, sintiendo agrado por Juan o siendo comprensivo con Pedro.

¿Pero quién soy yo para entender tus pensamientos? Bien está escrito que tus pensamientos son más altos que los cielos.

Los mortales no podemos entender la complejidad de tus caminos o lo grande que son tus decisiones.

Somos polvo al que Tú has dado vida pero me asombra el poder tratar de comprenderte un poco más.

Tú tienes el poder para transformar el universo y Tú voz es capaz de crear lo que no existía.

Pero por un momento te pusiste en nuestra piel, sentiste lo mismo que nosotros, soportaste aquellas cargas que nosotros llevamos.

Nos amaste tanto que diste tu vida en el más loco plan para salvarnos, arriesgaste todo lo que eras para poder rescatarnos.

Ciertamente no puedo entenderte, pero me maravillo al tratar de entender tus pensamientos porque quisiera estar yo en uno de ellos.

Me gustaría poder escribir cada uno de tus pensamientos, pero yo sé que cada uno de ellos está lleno de amor hacia la humanidad.

Y que increíble sería aprender a pensar y vivir como Tú lo hiciste.

Cuando veo los cielos

firmamento

Salmos 8:3-4 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?

Cuando veo los cielos no puedo evitar sentirme tan pequeño y pienso en lo mucho que me falta por conocerte.

Al levantar la vista y mirar aquel hermoso manto celeste, no puedo dejar de sentir paz y soñar con verte pronto.

He contemplado amaneceres tan preciosos que jamás podría dudar de la existencia de Dios.

He visto atardeceres tan bellos y me imagino a Ti escogiendo los tonos adecuados para pintar en los aires aquella hermosa obra.

Me he sentado solo en las noches, mirando con fascinación las estrellas admirando tu gran ingenio y creatividad.

Yo sé que eres Tú, Dios esa es tu forma de decirnos que nos amas.

He aprendido que en cada amanecer nos dices que sigues con nosotros y que cada día son nuevas tus misericordias.

En cada atardecer puedo sentir tu gran amor embargándome como si abrazaras mi corazón.

En las noches puedo apreciar como la luz de una aparente pequeña estrella puede vencer la más terrible oscuridad.

Yo sé que eres Tú, diseñando todo para decirnos que nos amas.

Cada día al levantarme puedo confiar que sin importar que no salga el sol, tu siempre me acompañarás.

No hay tarde en que pueda dudar que a pesar de todos los cambios Tú sigas teniendo el control de todas las cosas.

Al caer la noche me doy cuenta que aún en la oscuridad no debo temer porque Tú me acompañas.

Yo sé que eres Tú, orquestando el universo para decirnos que nos amas.

Cuando veo los cielos no puedo evitar maravillarme y soñar con todas aquellas cosas que me faltan descubrir de Ti.

Al levantar la vista y mirar aquel hermoso manto celeste, no puedo dejar de experimentar tanta paz y sentirme verdaderamente amado por conocerte.

Una historia de Amor

Hemos escuchado la hermosa historia de la pasión de nuestro Señor Jesucristo tantas veces que ya no sentimos aquello que deberíamos sentir cuando la escuchamos, así que por eso se las contaré de otra manera para que la entendamos mejor:

En el principio creó Dios los cielos y la tierra, por el poder de su palabra creó Dios todas las cosas, desde las lumbreras hasta los mares, desde los árboles hasta todos los tipos de animales que ahora conocemos, todo lo creó Dios con su increíble sabiduría y creatividad.

Pero al sexto día Dios se detuvo y dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, y es así como tomando del polvo de la tierra Dios moldeó al hombre, el hombre había sido creado pero estaba sin vida, así que Dios sopló sobre él, y el hombre vivió.

Y el hombre caminaba con Dios, pero el maligno sintió odio por aquella creación y seduciéndole le hizo desobedecer el mandato de Dios, el hombre la creación de Dios había fallado y pecó contra su creador.

A lo largo de la historia vemos como Dios intentó que el hombre volviera a tener comunión con Él pero el hombre más le desobedecía, Dios intentó limpiar su creación a través del diluvio pero el hombre siguió en pecado. Dios le concedió al hombre los diez mandamientos por mano de Moisés pero el hombre se negó a obedecerlos, burlándose de la ley de Dios.

Y ya cuando todo parecía perdido una voz en los cielos dijo: Yo iré.

Jesús el verbo de Dios iba a venir a este mundo, dejando aquella gloria y majestad celestial la cual no podemos ni imaginar, por amor se hizo pobre para rescatar a su creación.

Nació en un humilde pesebre, sin riquezas ni aparente gloria, pero aún los ángeles cantaron de alegría, pastores fueron a verle y aún sabios emprendieron un largo viaje para encontrarle, la esperanza de la humanidad había nacido. Y al tiempo de su manifestación aprendimos lo que realmente era el amor, viviendo entre la humanidad que había creado, enseñándoles, sanándolos, mostrándonos lo grande de su misericordia.

Pero el hombre no comprendió el amor de Dios, sino que rechazándole y traicionándole decidieron clavarlo en una cruz y así el hombre decidió matar a su hacedor.

Y Jesús como cordero al matadero ofreció su vida en rescate por nosotros, sufrió azotes con un terrible látigo que destrozo su piel; sufrió todo tipo de burlas, golpes que lo hirieron y hasta le arrancaron la barba; le pusieron una corona de espinos que le hería la frente, la cabeza y las sienes, clavos grandes y ásperos traspasaron sus manos y pies y fue puesto en una cruz astillosa, incluso en medio de tanto dolor y humillación nunca se quejó, todo lo soportó para demostrarnos lo mucho que nos ama.

Parecía que la humanidad ya no era digna de perdón, pero Jesús resucitó al tercer día y lejos de condenarnos decidió darnos el regalo de la salvación.

Si confiesas a Jesús como tu Señor y salvador y tienes fe en Él, entonces borrara tus pecados, sanará toda herida y dolor de tu corazón y te dará la vida abundante y eterna que tiene reservada para aquellos que le aman y podrás ser feliz toda la eternidad junto a Él.