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Dios busca amigos

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Proverbios 18:24 El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano.

Cualidades de un amigo de Dios:

1. Camina con Dios: Génesis 5:24 Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.

Eso nos habla de pasar tiempo con Dios, de llevarlo a todas partes con nosotros.

2. Se gana su confianza: Génesis 18:17 Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?

Abraham era el padre de la fe, a lo largo de su vida vemos que tenía una confianza absoluta en Dios por lo mismo Dios también podía confiar en Él. Dios confía en los que confían en Él.

3. Sabe conversar con Dios: Éxodo 14:15 (Peregrino) El Señor dijo a Moisés: ¿Por qué me gritas? Di a los israelitas que avancen.

¿Por qué Dios le dice eso a Moisés?
Éxodo 33:11 Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.
Era tan amistosa la comunión con Dios y Moisés que se sorprendió cuando Él se le pidió ayuda de esa forma. La oración es más que pedir cosas.

4. Es detallista con Dios: 2 Samuel 7:5 Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more?

David tenía un corazón conforme al de Dios, y eso se nota al ver la cantidad de Salmos que le dedicó, y al ver un gran detalle como el de edificarle una casa nos damos cuenta del gran amor de David hacia Dios. Un amigo sabe dar y es detallista.

5. Es amado por Dios: Juan 19:26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.

La escena clave en la que vemos porque Jesús amó tanto a Juan, fue el único de los doce que siempre fue fiel, el único que estuvo a sus pies en su peor momento. Hay que demostrar que amamos a Dios.

6. Le duele fallarle a Dios: Lucas 22:62 Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

Conocemos la historia, Pedro niega tres veces a Jesús, pero al escuchar el canto del gallo le duele mucho haberle fallado y podemos ver más adelante que su arrepentimiento fue genuino.

7. Está dispuesto a todo por Dios: Hechos 21:13 Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, más aùn a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.

Dios necesitaba que un amigo fuera a predicar donde nadie más se había atrevido a ir antes, pero le dijo las consecuencias, Pablo era tan amigo de Dios que no le importaba lo que le sucedería, estaba dispuesto a dar su vida para cumplir su misión.

Juan 15:3 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

Al morir en la cruz nos demostró su gran amor y hoy más que nunca Dios está buscando personas fieles, amigos que lo ayuden a llevar la luz del evangelio a todas partes.

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Publicado por en 23 octubre 2016 en Enseñanzas, Reflexiones

 

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Comandos de Dios

comandos

Introducción:

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. 2 Timoteo 2:3-5

Historia:

Se cuenta que durante la segunda guerra mundial hubo soldados que lograron grandes hazañas, hombres que hicieron lo que parecía imposible y arriesgaron sus vidas para lograr cumplir la misión que se les encomendaba.

A estos soldados se les llamaba los comandos, era un grupo de hombres y mujeres cuya identidad debía ser desconocida y aunque ellos no siempre trabajan juntos, bastaba que uno de ellos estuviera incluido en la misión asignada para saber que se lograría cumplir la meta con éxito, eran personas que estaban dispuestos a dar hasta su vida por la libertad y para derrotar a los enemigos.

La biblia menciona que nosotros somos como soldados, cuando vemos y escuchamos las historias de los héroes de la fe y la de los apóstoles vemos en ellos la misma actitud que tenían aquellos comandos, hombres y mujeres que estaban dispuestos a dar su vida por cumplir la misión que Dios les encomendó.

Misión: Dar Fruto (Lucas 13:6)

Hoy en día nosotros tenemos una misión, hemos sido llamados para dar fruto, para ser los soldados de Jesucristo, los Comandos de Dios para estos tiempos, y es necesario que tengamos la misma pasión, el amor y la fe que ellos tuvieron.

Muchas veces podemos vernos y pensar que no podemos ser como aquellos, habrá pruebas o circunstancias que parecerán difíciles de superar pero recordemos que la biblia dice:

· Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Filipenses 4:13

· ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Romanos 8:31

· Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. Marcos 9:23

Es momento de creerle a Dios, de tomar decisiones, de soportar cambios, y permitir que Jesús haga su obra en nosotros, porque Él vio en nosotros aquel potencial para dar fruto y cumplir la meta que nos encomendó.

La biblia dice:

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios. Apocalipsis 2:7

Los premios siempre son para los que vencen, para aquellos que guardaron la fe aún en los peores momentos, para aquellos que no retrocedieron sin importar la adversidad, para aquellos no negaron a Dios sino que soportaron las tentaciones, para aquellos soldados que acabaron dignos la buena batalla de la fe.

 
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Publicado por en 17 mayo 2015 en Enseñanzas, Reflexiones

 

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¿Quién soy yo?

Moises

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Éxodo 3:11

Moisés se encuentra ante uno de los hechos más increíbles que le podría pasar a un ser humano, Dios mismo ha venido a su encuentro para pedirle que cumpla con la gran e importante misión de liberar a su pueblo.

Ante aquella magnifica visión celestial y aquel llamado, Moisés reacciona con la siguiente pregunta: ¿Quién soy yo…?

La biblia nos narra que Moisés en aquel momento tenía 80 años de edad, había invertido 40 años de su vida con la noble intención de convertirse en un gran hombre y así poder ayudar a sus hermanos los cuales eran tratados como esclavos, su propia madre que había arriesgado su vida para salvarlo y criarlo le había enseñado sus orígenes y él al llegar a esa edad se sentía listo para cumplir su sueño y ayudar a su nación.

Un día al ver a uno de sus hermanos siendo vilmente maltratado decide erradamente tomar venganza y termina matando a un egipcio lo cual provocaría que sea acusado por uno de sus hermanos a los cuales intentó ayudar y ahora debe huir por su vida y abandonar todos sus planes y sueños.

Ahora han pasado 40 años más, él jamás pensaría que aquel sueño que tuvo que abandonar se cumpliría, ha vivido todo este tiempo de seguro reflexionando y lamentándose lo sucedido hace ya tanto tiempo.

Pero ahora Dios mismo se le presenta, tiene una oportunidad para volver a soñar y retomar aquel destino que quedó truncado pero él no se siente preparado para realizarlo.

Dios le está hablando, pero en su mente él solo piensa: Yo soy un asesino, soy un fraude, soy aquel que fue despreciado por su pueblo, soy aquel que no pudo cumplir con las expectativas que tenían los demás en mí. ¿Quién soy yo para poder cumplir esa misión?

Muchas veces en nuestra vida cristiana nos sentimos animados y tenemos grandes expectativas y sueños hasta que llegamos a un punto en donde nos estancamos, puede ser un momento de crisis o algún pecado o error que nos hace pensar que debemos abandonar aquellos sueños y planes que Dios tenía para nosotros.

Pero si hoy estás leyendo esto es porque Dios te quiere usar, Él quiere que vuelvas a soñar y que cumplas aquellos planes que tenía destinados para ti.

Y él respondió: Vé, porque yo estaré contigoÉxodo 3:12

Dios no le da la razón a los miedos o dudas de Moisés, por el contrario le dice que Él lo va a acompañar, el amor de Dios es tan grande que Él no mira nuestro pasado, Él te ama y si tú le buscas, Él te usará y te acompañará hasta que logres cumplir tu destino.

No busques más pretextos o excusas y escucha el llamado de Dios.

 
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Publicado por en 23 noviembre 2014 en Reflexiones

 

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El Mesías

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¿Quién creyó en él? Pues no vino como muchos lo esperaban, no se apareció a su nación montado en un caballo blanco ni se les reveló con soldados a su retaguardia.

Al mundo vino humildemente en un pesebre, su hospedaje en la tierra no fue como el de los reyes, pero Rey más grande que Él no lo habrá jamás.

Compró nuestra salvación sin derramar sangre ajena, pero toda su sangre la vertió para lograr nuestra libertad.

Cómo un renuevo que florece ha sido su reinado, empezó con una semilla de pasión, para convertirse ahora en un reino de amor, de paz y de esperanza a todos aquellos que en Él creen y se han refugiado en sus confortantes brazos.

Vivió entre nosotros pero no era de nosotros, se despojó de su gloria y empezó su obra sanando enfermos, liberando demonios, ayudando a los necesitados y predicando las buenas nuevas.

Su mensaje confrontó los corazones orgullosos y escasos de misericordia, y aún en nuestros tiempos muchos cierran sus oídos al fuego que llevan sus palabras.

En verdad Él es la vida, cada una de las marcas en su piel simbolizaron la paz de nuestras almas, nuestra sanidad se logró en los agujeros que causaron enormes clavos en su ser, en las espinas que atravesaron su sien, en los latigazos que tiraron y desgarraron su joven piel, en el dolor extremo que no quiso gritar para demostrarte su amor sin fin.

Él fue castigado por todos nuestros fracasos, Él se obligó a llevar sobre sí mismo nuestros castigos, el dolor que nos correspondía cargar aplastaba sus heridas, su sangre fue vilmente derramada por la nuestra, lágrimas de las cuales Él era indigno de llevar corrieron por sus mejillas, gemidos y suspiros que nos correspondían a nosotros decir, salieron de su boca por amarnos sin medida.

La ansiedad lo agobiaba y el miedo de no poder cumplir con su misión lo sobrecogían, el enfado intentó hacer meollo en sus pensamientos y la tristeza hizo que el tener que soportar aquel dolor fuera muy intenso.

Quizá miró sus manos un instante, estaban rojas, ensangrentadas y severamente lastimadas.

No había nada sano en su piel, su barba arrancada había hecho que su rostro se ensanchara, las gotas de sangre que corrían desde su cabeza a causa de los golpes, las caídas y las espinas le impedían ver bien, sus labios estaban desgarrados y su lengua agonizaba por una gota de agua.

Sin embargo Él era Dios, podía desmenuzar el poder de aquellos que le atormentaban, pudo si quería hacernos pagar lo mismo que le hicimos sufrir, pero no abrió su boca para condenar sino que pidió misericordia por nuestra ignorancia.

Aquella cruz donde Él fue clavado, fue el acto más bello de amor que se haya visto por nosotros pecadores, ese acto gritó amor, esperanza y salvación para todo aquel que cree.

De tal manera nos amó Dios que dio a su hijo unigénito, aquel Verbo de vida, con su último suspiro dijo: Consumado es.

Pero el Padre Celestial que nunca se olvida de sus hijos, lo llenó de gloria y majestad, nuestro Mesías resucitó al tercer día, dándonos a nosotros juntamente la victoria.

Nuestro Mesías nos comprende, Dios no nos deja desamparados, porque Él conoce el rechazo, la soledad, la tristeza, el dolor, la inseguridad y todas aquellas cosas que nosotros atravesamos.

Un solo Mesías, un solo Camino al padre, Jesucristo nuestro Salvador, el hijo de Dios.

Hosanna sea en las alturas y gloria sea al Rey que nos concedió la vida, pues con un acto ha dado paz a los hombres y sanidad a las naciones.

Hoy esas palabras pueden ser una historia más o el comienzo de una nueva vida.

Quiero que usted entienda que Jesús nos amó sabiendo exactamente como somos, se sacrificó sabiendo las veces que fallaríamos o el mal que causaríamos.

Jesús puede ser una piedra de tropiezo o un Mesías que restaure su vida y sané las heridas que carga su corazón.

Hoy lo invito a recordar este hecho, a creer y a vivir una hermosa vida junto a Él.

Bendito sea por siempre mi Mesías, mi amado Cristo y mi gran Salvador. Amén

 
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Publicado por en 3 noviembre 2013 en Reflexiones

 

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Predestinados

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. (Jeremías 1:5)

Mucho se nos enseña que somos producto de la evolución, o que somos producto de la casualidad o de las consecuencias, pero la verdad es que no es así.

La palabra de Dios dice que Dios nos creó y que hemos sido predestinados conforme al propósito que Dios tiene para cada uno de nosotros (Efesios1:11), es decir fue Dios el que nos creó, y no solo nos creó sino que también nos dio un propósito que cumplir.

Imagínense por un momento a Dios creándonos, nuestro gran Creador el cual sabe todas las cosas ya tenía determinado nuestra función aquí en la tierra, así que Dios lo creó con las habilidades, los dones y los talentos para que usted pueda cumplir esa función para la cual usted fue creado.

Y nuestro Hacedor nos vio en el vientre de nuestra madre, Dios fue el primer rostro que vimos, Dios fue la primera persona a la cual abrazamos y Dios esperó pacientemente el momento en que usted otra vez le reconociera, espero con amor aquel momento en que usted se acercará a Él y no importa lo que usted hizo durante ese lapso de tiempo, lo único que Dios quería era volverlo a abrazar y darle la vida abundante que se encuentra en Cristo Jesús, Dios quería darle aquel maravilloso regalo de la salvación.

Y cuando conocemos verdaderamente a Dios nos damos cuenta que no existe nada más hermoso que servirle, entendemos que Dios no busca nuestro mal sino que sus planes siempre son para nuestro bien.

Dios dice: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que he preparado para aquellos que me aman. (1 Corintios 2:9)

A veces nos cuesta comprender que todo lo que Dios hace en su tiempo es hermoso (Eclesiastés 3:11) e intentamos vivir a nuestra manera y no nos ponemos a pensar en el plan de Dios, y aún incluso las circunstancias que pasamos Dios las usa para moldearnos y para que seamos aptos para cumplir nuestro llamado.

Hermanos hemos sido predestinados por nuestro Padre Celestial, hemos sido escogidos de entre muchos para cumplir una gran misión, usted no es un accidente, usted es un hijo de Dios, usted es uno de los amados de Dios, así que no se rinda persevere en la fe y terminemos la carrera con gozo y en victoria.

 
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Publicado por en 5 marzo 2012 en Reflexiones

 

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