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Te busco

Camino buscándote sin parar, has ocultado tan bien tus huellas que no logro poder seguirte el paso.

Te necesito como la abeja a la miel, cómo el novio a la novia, como nunca antes pensé hacerlo.

Es que sin Ti el cielo parece nublado, la vida se torna grisácea, el amor parece solo un cuento.

La verdad está en tu boca, la misericordia en tu mirada, la hermosura cubre tu rostro.

Tan perfecto eres para mí que no puedo alejarme de Ti, que no sé cómo seguir sin Tu ayuda.

Ven a mí encuentro porque te estoy buscando día y noche, clamo a ti cada vez que puedo.

La noche parece no terminar, necesito tu Luz para poder sentir que todo estará bien.

Tus abrazos me daban seguridad, debajo de tus alas poduedo llegar a sentir mucha paz.

No soy tan fuerte cómo creía, eras Tú eres el que me ayuda a resistir.

Mi fe por si sola no logra nada, pero si tú estás conmigo entonces todo lo puedo.

Lo intento y re intento pero si estás a mi lado todo me ayudará para bien.

Te busco porque sé que te amo, porque caminar sin Ti solo es tristeza y soledad.

Acompáñame y tómame la mano, la única mano que siempre me ayuda y me sostiene.

Las tormentas vinieron y no tenía refugio, las flechas cayeron y me encontraba sin escudo.

Sana mis heridas, lava mi corazón de las angustias, seca las lágrimas que llenan mi rostro.

Perdóname si me cuesta ser fiel, si quiero negociar los límites de mi corazón.

Hoy mi mente y corazón son tuyos, el trono de mi ser te pertenece a Ti.

Hazme otro, crea algo nuevo y maravilloso dentro de mi, moldéame como la arcilla.

Bendíceme como antes lo hacías y sustenta mi corazón con tus palabras.

Vuelva la alegría a mi rostro y mi corazón halle la paz porque contigo estoy.

Acércate a mí que estoy deseoso de tomar tu Cruz, ponerme tu yugo y seguirte.

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Publicado por en 14 junio 2017 en Oraciones, Reflexiones

 

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Muero por verte

orarQuisiera que esto fuera más sencillo y poder verte aquí ahora, poder verte para que ayudes a mi incredulidad.

Me gustaría que tu gloria apareciera y quitara la oscuridad, esa oscuridad que no se encuentra en lo físico sino en el alma.

Me cuesta pedirte perdón tantas veces, veo que he manchado mi alma, que mi túnica nuevamente tiene arrugas y sigo asustándome de la persona que soy cuando Tu no estas.

Cuando me alejo de Ti el alma me duele y mi corazón se entorpece, me avergüenzo en lo que podría convertirme si Tu no estuvieras conmigo.

Sé muy bien que yo no soy lo que todos piensan, que solamente Tú puedes ver lo que llevo dentro, que solamente Tú comprendes mis defectos.

Aquel vacío que llevo dentro me consume cuando no te tengo cerca, todo carece de sentido, la vida misma se vuelve insoportable de llevar.

Acércate a mí que yo a ti correré, extiéndeme los brazos al verme cerca, háblame y lloraré sin parar al reconocer tu voz sanando mi interior.

Déjame hablar un rato mientras Caminamos juntos, quiero que mi alma exprese sus verdades y que mi corazón intente llenarte de amores.

No voy a darte explicaciones por el contrario solo decidiría seguirte nuevamente de corazón, renunciar a mi yo, y dejar que Tu tomes el control.

Quiero parecerme a Ti, aprender de tus decisiones, imitar tus acciones, reflejar aquella mirada llena de bondad que he aprendido a amar.

Yo ya no te soltaría, Caminaríamos juntos desde el amanecer hasta anochecer, andaría a tu lado aunque los demás no logren verte, pero yo sabría que estás allí.

No puedo verte hoy pero mi corazón sabe que no me has dejado, en mi interior siento tu abrazo, y mi alma sabe que oyes sus palabras.

Y cuando llegue a aquel paraíso, cuando pueda verte sentado en tu gran trono blanco, solamente reconocería aquel que me ha acompañado toda la vida.

 
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Publicado por en 29 junio 2014 en Reflexiones

 

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Me rescató porque me ama

Salmos 18:19 Me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí.

Otra versión dice: El Señor me rescató porque me ama; él me llevó a un lugar seguro.

Antes de conocer realmente a Dios no entendía porque había personas capaces de dar su vida por Él, ni tampoco comprendía la magnitud de su amor.

sanando al leprosoLa biblia cuenta una bella historia en Mateo 8:1-3: Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.

Hace dos mil años atrás la lepra era considerada una enfermedad muy contagiosa y una maldición.

Las personas infectadas debían vivir aisladas de la civilización y se tenía estricto cuidado con todo aquello que había sido tocado por los infectados, incluso debían usar campanas o gritar para anunciar que se acercaban y así los demás pudieran alejarse de ellos.

Ser leproso significaba vivir en soledad, ser alejado de tu familia y seres queridos, el tener que soportar el dolor de su piel al podrirse y la deformidad que causaba la enfermedad.

Aquellas personas debían estar sumamente cansadas de ese tipo de vida, debían sentirse sumamente tristes y decepcionadas, tendrían que haberse acostumbrado a ser rechazados, deberían estar muy deprimidas por no poder encontrar un refugio en el cual sentirse seguras y quizá hasta culpables de tener esa enfermedad.

Pero un día un leproso escuchó de alguien que podía cambiar su vida, que podía sanar cualquier enfermedad, su nombre era Jesús.

Aquel hombre se armó de valor, se llenó de fe, él estaba cansado de ese tipo de vida, estaba harto de tanto dolor y rompiendo todas las reglas se acercó donde Jesús.

Jesús estaba predicando y le seguían muchas personas de todas las edades, imagino que muchos deben haberse llenado de espanto, quizás muchos le habrán exigido que se aleje mientras huían pero Jesús permaneció a su lado.

Él sabía que Jesús podía irse, que no era su obligación que hiciera algo por un extraño como él y encima pecador, por eso se arrodilló y le dijo: Señor, Si quieres puedes limpiarme.

Jesús debió haberlo mirado con compasión y amor, lo tocó y le respondió: Quiero, sé limpio.

Para aquel hombre ese acto y esas palabras significaban compasión, paz, libertad, el comienzo de una nueva vida, ese momento debe haberlo marcado porque por primera vez en mucho tiempo su corazón sintió amor.

Jesús lo rescató de su enfermedad porque lo amaba.

Hoy en día existen muchas personas que físicamente pueden estar sanas pero tienen el alma llena de heridas, viven en soledad aunque no se den cuenta, quizá su piel no esté enferma pero sus rostros reflejan las marcas y el dolor de un alma triste y deprimida.

Están rodeadas de hipocresía, hace mucho tiempo que no sienten afecto verdadero, no saben lo que es el amor y muy en el fondo se sienten mal por sus faltas y errores.

Pero al igual que aquel leproso podemos acercarnos a Jesús y saber que Él quiere rescatarnos del dolor de nuestros pecados y llevarnos a un lugar seguro en donde podemos hallar verdadera paz.

Cuando pasamos por esa experiencia nuestra vida cambia y entonces Jesús se convierte en nuestro todo, no existe nada más importante que Él porque sin merecerlo, Él nos amó.

Ésa es la razón por la cual estamos dispuestos a dar hasta la vida porque aunque muchos nos rechazaron, aunque estábamos llenos de faltas y podíamos ser despreciados, Él nos rescató, nos demostró su amor y nos llevó a sus brazos para que estemos seguros.

 
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Publicado por en 25 mayo 2014 en Reflexiones

 

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El Mesías

mesías

¿Quién creyó en él? Pues no vino como muchos lo esperaban, no se apareció a su nación montado en un caballo blanco ni se les reveló con soldados a su retaguardia.

Al mundo vino humildemente en un pesebre, su hospedaje en la tierra no fue como el de los reyes, pero Rey más grande que Él no lo habrá jamás.

Compró nuestra salvación sin derramar sangre ajena, pero toda su sangre la vertió para lograr nuestra libertad.

Cómo un renuevo que florece ha sido su reinado, empezó con una semilla de pasión, para convertirse ahora en un reino de amor, de paz y de esperanza a todos aquellos que en Él creen y se han refugiado en sus confortantes brazos.

Vivió entre nosotros pero no era de nosotros, se despojó de su gloria y empezó su obra sanando enfermos, liberando demonios, ayudando a los necesitados y predicando las buenas nuevas.

Su mensaje confrontó los corazones orgullosos y escasos de misericordia, y aún en nuestros tiempos muchos cierran sus oídos al fuego que llevan sus palabras.

En verdad Él es la vida, cada una de las marcas en su piel simbolizaron la paz de nuestras almas, nuestra sanidad se logró en los agujeros que causaron enormes clavos en su ser, en las espinas que atravesaron su sien, en los latigazos que tiraron y desgarraron su joven piel, en el dolor extremo que no quiso gritar para demostrarte su amor sin fin.

Él fue castigado por todos nuestros fracasos, Él se obligó a llevar sobre sí mismo nuestros castigos, el dolor que nos correspondía cargar aplastaba sus heridas, su sangre fue vilmente derramada por la nuestra, lágrimas de las cuales Él era indigno de llevar corrieron por sus mejillas, gemidos y suspiros que nos correspondían a nosotros decir, salieron de su boca por amarnos sin medida.

La ansiedad lo agobiaba y el miedo de no poder cumplir con su misión lo sobrecogían, el enfado intentó hacer meollo en sus pensamientos y la tristeza hizo que el tener que soportar aquel dolor fuera muy intenso.

Quizá miró sus manos un instante, estaban rojas, ensangrentadas y severamente lastimadas.

No había nada sano en su piel, su barba arrancada había hecho que su rostro se ensanchara, las gotas de sangre que corrían desde su cabeza a causa de los golpes, las caídas y las espinas le impedían ver bien, sus labios estaban desgarrados y su lengua agonizaba por una gota de agua.

Sin embargo Él era Dios, podía desmenuzar el poder de aquellos que le atormentaban, pudo si quería hacernos pagar lo mismo que le hicimos sufrir, pero no abrió su boca para condenar sino que pidió misericordia por nuestra ignorancia.

Aquella cruz donde Él fue clavado, fue el acto más bello de amor que se haya visto por nosotros pecadores, ese acto gritó amor, esperanza y salvación para todo aquel que cree.

De tal manera nos amó Dios que dio a su hijo unigénito, aquel Verbo de vida, con su último suspiro dijo: Consumado es.

Pero el Padre Celestial que nunca se olvida de sus hijos, lo llenó de gloria y majestad, nuestro Mesías resucitó al tercer día, dándonos a nosotros juntamente la victoria.

Nuestro Mesías nos comprende, Dios no nos deja desamparados, porque Él conoce el rechazo, la soledad, la tristeza, el dolor, la inseguridad y todas aquellas cosas que nosotros atravesamos.

Un solo Mesías, un solo Camino al padre, Jesucristo nuestro Salvador, el hijo de Dios.

Hosanna sea en las alturas y gloria sea al Rey que nos concedió la vida, pues con un acto ha dado paz a los hombres y sanidad a las naciones.

Hoy esas palabras pueden ser una historia más o el comienzo de una nueva vida.

Quiero que usted entienda que Jesús nos amó sabiendo exactamente como somos, se sacrificó sabiendo las veces que fallaríamos o el mal que causaríamos.

Jesús puede ser una piedra de tropiezo o un Mesías que restaure su vida y sané las heridas que carga su corazón.

Hoy lo invito a recordar este hecho, a creer y a vivir una hermosa vida junto a Él.

Bendito sea por siempre mi Mesías, mi amado Cristo y mi gran Salvador. Amén

 
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Publicado por en 3 noviembre 2013 en Reflexiones

 

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La oración de una oveja rebelde

oveja perdida

Si te invocara, no tengo excusa con la cual presentarme delante de ti.

Mucho a tiempo ha pasado, he hecho muchas cosas pero me alejé de lo más importante para mí.

Hoy no tengo vestiduras blancas, no tengo perfumada mi cabeza y no tengo las manos limpias o puro el corazón.

Pero en todo este tiempo aparecías cada día tocando a la puerta de mi corazón pidiéndome, que por favor te deje entrar.

Y quisiera darte más de lo que puedo darte ahora, quisiera darte un corazón más sano, quisiera darte una vida menos lastimada, quisiera darte más amor del que puedo darte en este momento.

Tengo miedo de volver a Ti, tengo miedo de sentirme rechazado, pero sé que Tú no lo harás, sino que tiernamente me abrazas y me susurras al oído lo mucho que me amas.

No me imagino cuántos perdones justificarían mi falta, pero sé que lo que Tú quieres es que me arrepienta sinceramente, porque Tú no ves la cantidad de palabras lo que Tú ves es el corazón.

Nunca entenderé porque eres tan bueno, jamás podré comprender lo inmensa de tu bondad o ese amor ágape con el cual logras amar sin esperar nada a cambio.

Jamás existirá algo o alguien que se te compare, porque nadie es capaz de saciar el corazón como Tú lo sacias, nadie puede amarnos como Tú lo haces.

Y hoy Señor, te pido que por favor perdones a este pecador, perdona las rebeldías de un corazón egoísta, perdona la vida de un hombre que perdió el rumbo, perdóname porque intentando conquistar un sueño ilusorio olvidé a aquel que hace mis sueños realidad.

Perdóname porque habiéndome amado tu tanto, olvide lo profundo y sincero que sé que me amas.

Olvidé el dulce calor de tu abrazo, olvidé tus tiernas palabras, olvidé las muchas veces que moviste toda la creación para ayudarme a mí.

Perdóname Jesús, tienes en tus manos mi vida y corazón, no quiero negarte nada esta vez, quiero que me llenes y que me permitas pasar mi tiempo junto a ti, quiero que estés en cada pensamiento, que llenes cada deseo, que seas el dueño de mi corazón y el autor de mi amor.

Quiero que me permitas postrarme ante ti y aunque quizá mis labios no te hablen mi corazón te pedirá que me perdones y te diré lo mucho que te amo en cada lágrima.

Y otra vez, me das tu mano amiga y me ayudas a levantarme, puedo sentir el calor de tu amor llenando mi corazón, puedo sentir la tristeza dejándome mientras me envuelve tu paz y puedo sentir mis labios sonreír.

Ya puesto de pie no puedo dejar de abrazarte, no podría apartarme de ti.

Una vez más te escucho decirme hijo y mi ser se estremece, te llamo Padre y puedo ver tu sonrisa.

Y ahora ya aprendí la lección, ahora ya no volveré a dejar tu rebaño porque sé lo frío que es alejarse de Ti y conozco lo grande de tu amor por mí.

Porque tu dejaste a las noventa y nueve ovejas por amor a mí.

 
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Publicado por en 26 abril 2013 en Reflexiones

 

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Dios te conoce

Dios te conoce

Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Salmos 139:2

Dios sabe todo aquello que pensamos y no hay nada que podamos ocultarle.

El conoce nuestras alegrías, nuestros sueños, nuestros anhelos y deseos, conoce nuestras frustraciones, conoce aquellas cosas que nos causan dolor o tristeza.

Muchas veces cuando pensamos en esto, nos sentimos mal, nos sentimos con miedo, pensamos Dios usará esto para condenarnos o pensamos que Dios nos ve como indignos.

Pero olvidamos lo más importante de Dios y es que Dios es amor, todo lo que Dios hace por nosotros lo hace con amor.

Dios ve nuestros pensamientos, no para condenarnos sino para ayudarnos, Dios sabe cómo te sientes, sabe por lo que estás pasando y para ayudarte Él prepara la palabra perfecta que necesitas para ayudarte.

Dios no prepara el mensaje que quieres escuchar sino el que necesitas escuchar, Dios no prepara las circunstancias que desearías pasar sino las que te benefician, aquellas circunstancias las que al final te ayudaran para bien.

Y hoy Dios tiene preparadas palabras de aliento para todos aquellos que se sienten agotados, palabras de exhortación para aquellos que están comenzando a apartarse del Camino.

Hoy Dios te hará pasar por circunstancias que te harán agradecerle por todas sus bendiciones, o te hará pasar por circunstancias que prueben tu fe, pero todo eso lo hace para ayudarte.

No dudemos de Dios, Él sabe lo que es mejor para nosotros, cree que todo lo que te pasa es parte del gran plan de Dios, cree que cada suceso, que cada palabra que recibes te ayudará a llegar a grandes metas y a mejores tiempos.

Dios sabe el esfuerzo que haces para no caer, Dios conoce la pasión que le tienes, Dios no es ajeno a al amor que le tienes, Dios no se ha olvidado de tus lágrimas.

Dios te conoce, te conoce tanto que está siempre pendiente de ti, te quiere tanto que nunca te deja, te ama tanto que es capaz de entrar a tus pensamientos para darte aquello que necesitas.

Dios te conoce y te ama, así que amalo aun en tus pensamientos.

 
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Publicado por en 28 enero 2013 en Reflexiones

 

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1000 oraciones a Dios parte IV

76. Jesús tu eres el soplo de vida que me anima cada día.

77. Señor Jesús, hoy rindo lo mejor de mí para dártelo a Ti.

78. Maestro, cómo me gustaría poder oír tus parábolas y tener el enorme privilegio de escuchar tu voz.

79. Jesús, cuanto deseo poder recostarme en tu pecho y escuchar latir tu gran corazón.

80. Daría la vida amado Salvador por poder verte una vez, pero sé que mi deseo de verte se cumplirá y estaremos juntos por la eternidad.

81. Príncipe de paz, la vida no es sencilla y muchas veces duele dar cada paso, pero he decido llevar mi cruz y seguirte cada día de todo corazón.

82. Hijo de David ten misericordia de mí y rescátame de las tormentas de la vida, que suene tu voz y halle mi alma bonanza.

83. Bendito aquel que tiene hambre de Ti, porque el alma que te buscare esa te hallará.

84. Bendito aquel que sin verte cree en Ti y aunque mis ojos terrenales no puedan verte, mi corazón te ve tan claro como el día.

85. Bendito aquel que hace tu obra diligentemente con todo su empeño y amor porque recibirá la recompensa de su Señor.

86. Redentor de mi corazón te amo con cada pensamiento, con cada recuerdo, con cada latido con cada respirar de mi ser.

87. Jesús alabe mi ser tu Santo nombre, cómo aquella multitud te alabó mientras montabas un pollino, porque mientras yo viva las piedras callarán.

88. Oh, Jesús pueda yo beber siempre de esa agua de vida y pueda comer de aquel pan de vida eterna.

89. Amado Jesús, ayúdame a tener suficiente fe como un grano de mostaza para mover las montañas de duda e incredulidad.

90. Bendito Jesús, pueda yo postrarme a tus pies y lavarlos con mis lágrimas, que el amor de mi corazón sea un perfume agradable que pueda derramar sobre tu cabeza.

91. Hijo de Dios, ven llena mi vida de tu presencia, lava mi corazón con tu preciosa sangre, sana las heridas de mi alma, haz un milagro en mí.

92. Jesucristo, quiero llevar tu yugo, quiero aprender de Ti y poder encontrar ese tierno descanso para mi alma.

93. Cristo Jesús, te amo por eso he atesorado tus mandamientos en mi corazón y he guardado tus palabras en cada uno mis pensamientos.

94. Amigo mío, ven y resucítame como resucitaste a Lázaro, dame una nueva vida en Ti.

95. Jesús, no pude ver los huecos en tus manos o la herida en tu costado, pero creo que moriste y resucitaste por mí, sé que venciste a la muerte por amor a mí.

96. De vivir como un carpintero a ser el salvador de la humanidad, en todo fuiste tentado y a todo venciste, fuiste traicionado y negado pero nunca te rendiste y eres ahora el Dios de mi corazón.

97. Tu vida es el mayor ejemplo del amor, tus virtudes infinitas y tus palabras son simplemente sabiduría que pueden cambiar la vida del hombre.

98. En ti está escondida la vida, solo Tú eres la verdad y Tú eres la vida que conduce al Padre Celestial.

99. Tú eres la justicia, la honestidad, la sinceridad, la paz la base de nuestra fe y el amor.

100. Jesús mis poemas no son suficientes para decir lo que siento por ti, las palabras no podrán nunca describir tu grandeza y no hay frase que pueda transmitir todo el agradecimiento que te tengo mi dulce Señor.

 
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Publicado por en 18 octubre 2012 en 1000 oraciones, Reflexiones

 

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