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El Mesías

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¿Quién creyó en él? Pues no vino como muchos lo esperaban, no se apareció a su nación montado en un caballo blanco ni se les reveló con soldados a su retaguardia.

Al mundo vino humildemente en un pesebre, su hospedaje en la tierra no fue como el de los reyes, pero Rey más grande que Él no lo habrá jamás.

Compró nuestra salvación sin derramar sangre ajena, pero toda su sangre la vertió para lograr nuestra libertad.

Cómo un renuevo que florece ha sido su reinado, empezó con una semilla de pasión, para convertirse ahora en un reino de amor, de paz y de esperanza a todos aquellos que en Él creen y se han refugiado en sus confortantes brazos.

Vivió entre nosotros pero no era de nosotros, se despojó de su gloria y empezó su obra sanando enfermos, liberando demonios, ayudando a los necesitados y predicando las buenas nuevas.

Su mensaje confrontó los corazones orgullosos y escasos de misericordia, y aún en nuestros tiempos muchos cierran sus oídos al fuego que llevan sus palabras.

En verdad Él es la vida, cada una de las marcas en su piel simbolizaron la paz de nuestras almas, nuestra sanidad se logró en los agujeros que causaron enormes clavos en su ser, en las espinas que atravesaron su sien, en los latigazos que tiraron y desgarraron su joven piel, en el dolor extremo que no quiso gritar para demostrarte su amor sin fin.

Él fue castigado por todos nuestros fracasos, Él se obligó a llevar sobre sí mismo nuestros castigos, el dolor que nos correspondía cargar aplastaba sus heridas, su sangre fue vilmente derramada por la nuestra, lágrimas de las cuales Él era indigno de llevar corrieron por sus mejillas, gemidos y suspiros que nos correspondían a nosotros decir, salieron de su boca por amarnos sin medida.

La ansiedad lo agobiaba y el miedo de no poder cumplir con su misión lo sobrecogían, el enfado intentó hacer meollo en sus pensamientos y la tristeza hizo que el tener que soportar aquel dolor fuera muy intenso.

Quizá miró sus manos un instante, estaban rojas, ensangrentadas y severamente lastimadas.

No había nada sano en su piel, su barba arrancada había hecho que su rostro se ensanchara, las gotas de sangre que corrían desde su cabeza a causa de los golpes, las caídas y las espinas le impedían ver bien, sus labios estaban desgarrados y su lengua agonizaba por una gota de agua.

Sin embargo Él era Dios, podía desmenuzar el poder de aquellos que le atormentaban, pudo si quería hacernos pagar lo mismo que le hicimos sufrir, pero no abrió su boca para condenar sino que pidió misericordia por nuestra ignorancia.

Aquella cruz donde Él fue clavado, fue el acto más bello de amor que se haya visto por nosotros pecadores, ese acto gritó amor, esperanza y salvación para todo aquel que cree.

De tal manera nos amó Dios que dio a su hijo unigénito, aquel Verbo de vida, con su último suspiro dijo: Consumado es.

Pero el Padre Celestial que nunca se olvida de sus hijos, lo llenó de gloria y majestad, nuestro Mesías resucitó al tercer día, dándonos a nosotros juntamente la victoria.

Nuestro Mesías nos comprende, Dios no nos deja desamparados, porque Él conoce el rechazo, la soledad, la tristeza, el dolor, la inseguridad y todas aquellas cosas que nosotros atravesamos.

Un solo Mesías, un solo Camino al padre, Jesucristo nuestro Salvador, el hijo de Dios.

Hosanna sea en las alturas y gloria sea al Rey que nos concedió la vida, pues con un acto ha dado paz a los hombres y sanidad a las naciones.

Hoy esas palabras pueden ser una historia más o el comienzo de una nueva vida.

Quiero que usted entienda que Jesús nos amó sabiendo exactamente como somos, se sacrificó sabiendo las veces que fallaríamos o el mal que causaríamos.

Jesús puede ser una piedra de tropiezo o un Mesías que restaure su vida y sané las heridas que carga su corazón.

Hoy lo invito a recordar este hecho, a creer y a vivir una hermosa vida junto a Él.

Bendito sea por siempre mi Mesías, mi amado Cristo y mi gran Salvador. Amén

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Publicado por en 3 noviembre 2013 en Reflexiones

 

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1000 oraciones a Dios Parte II

26 He decido que seas mi obsesión, quiero que seas mi continuo pensar.

27 Muchas veces nos olvidamos de ti, pero Tú nunca dejas de vernos desde tu Santo trono.

28 Limpia mis manos y purifica mi corazón porque mi deseo más ferviente es ver tu gloria.

29 Quiero caminar a tu lado como lo hizo Enoc para poder tener un sinfín de conversaciones.

30 Llámame amigo, así como lo llamabas a Abraham, porque no quiero ser solo tu siervo, quiero ser merecedor de tu amistad.

31 He sido comprado por ti, ayúdame a ser útil a tus planes para mi vida y pueda yo ser una vasija de honra para Ti.

32 Sana las heridas de mi alma para que pueda amarte aún más de lo que yo ya te amo.

33 Rompe las murallas de odio que levanté para defenderme y pueda yo amarte con total libertad.

34 Derrama amor sobre este corazón que se encuentra sediento de Ti.

35 Repara mi mente que se encuentra tan trastornada por tanto dolor y ayúdame a que Tú llenes cada uno de mis pensamientos.

36 Sé Tú mi Dios, con el que constantemente sueño y pueda yo sentirte en cada suspiro.

37 Ayúdame a que mis días sean como un verso dedicado a Ti.

38 El mejor poema que quiero darte es mi vida consagrada a Ti.

39 No quiero serte infiel, dame las fuerzas que necesito para andar en santidad cada día.

40 El pecado no me apartará de Tu amor si Tú a mi lado estás.

41 Mi riqueza es el poder haberte conocido, mi Dios.

42 La sabiduría de mi ser es el temor que te tengo a Ti mi dulce Señor.

43 Torpe he sido las veces en que dudé de ti, porque Tú nunca me fallarás.

44 Fui un necio cuando pensé que algo más podría satisfacer el vacío de mi corazón.

45 Y a veces se me acaban las palabras, pero al abrir el corazón me doy cuenta que no habrán suficientes escritos que puedan expresarte mi amor.

46 Las palabras son cortas al intentar comparar tu hermosura, porque no existe nada que pueda describir la grandeza de mi Dios.

47 No existe medida con la cual pueda medir la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor con el cual mi Dios me ama.

48 Sin importar que pase te amaré sinceramente, y te desearé como la noche ansía la llegada de la luna y las estrellas.

49 Sin importar que suceda te amaré, como el cielo anhela los rayos del sol.

50 Te amo hoy y siempre mi dulce Jesús.

 
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Publicado por en 27 septiembre 2012 en 1000 oraciones, Reflexiones

 

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1000 oraciones a Dios Parte I

1. Lo que yo soy lo rindo a ti, mi vida entera y todo mi ser.

2. Mi corazón lo pongo en tus manos y mi confianza la deposito por completa a ti.

3. El amor de mi ser lo he derramado sobre tu cabeza y con lágrimas de alegría he lavado tus pies.

4. Mi felicidad esta basada en tu compañía, mi alegría está escondida en tu mirar.

5. La razón por la cual sigo firme es porque tú me sostienes con tu diestra.

6. La valentía de mi corazón solo es posible porque sé que siempre me acompañas.

7. Canticos de amor canta mi alma, enamorado estoy de mi dulce Señor.

8. Mi fe es sincera porque sé que mi Dios es real y la pasión de mi ser es estar cada día junto a Él.

9. Su amor me supera y es más fuerte que yo, aunque luchará soy como una hoja llevada por el fuerte río de su gran amor.

10. Nadie hay que se compare al dueño de mis suspiros, nadie hay que llene aquel espacio que le he reservado en mi corazón.

11. Y nada pareciera ser suficiente, nada pareciera poder compararse con todo lo que Él ha hecho por mí.

12. Te he dado lo mas valioso que tengo, mi corazón lo he entregado por completo, no hay barreras, no hay restricciones todo mi amor te pertenece.

13. Te he dado mi mente, mi cuerpo, mi alma, nada te negaré, no hay talento que no lo use para ti, no hay don que no te ofrezca.

14. En las angustias aprendí a escuchar tu voz, dulce melodía son tus palabras a mi ser.

15. Cómo un manantial en el desierto ha sido tu misericordia en el tiempo de la prueba.

16. Tu fidelidad me sostuvo en el día de mi aflicción y aprendí a amarte cuando me rescataste del dolor.

17. Tu me has sido por alegría en medio de mi angustia, cuando mi alma se apagaba tu gozo fue mi fuerza.

18. Mi anhelo más profundo es abrazarte mientras lloro diciéndote gracias.

19. Mi deseo más sincero es poder verte y saber que di lo mejor de mí para poder vivir junto a ti.

20. En el día más oscuro sólo tú estuviste a mi lado, me extendiste tu mano y me dijiste: Te amo.

21. Yo te había fallado y tú me abrazaste y me dijiste que me habías perdonado.

22. Yo que había fracasado y no era digno de misericordia había sido salvado por el Creador del universo.

23. Dios contigo aprendí lo que se siente vivir sin culpa, a tu lado comprendí lo que es la libertad.

24. El amor verdadero eres tú, sin ti no se puede amar, sin ti el amor no existe.

25. Mi Dios, mi amor verdadero y la luz de mi vida, hoy te pido que no me dejes nunca porque sin ti no hay más vida y sin tu presencia simplemente moriría.

 
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Publicado por en 9 septiembre 2012 en 1000 oraciones, Reflexiones

 

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