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¿Quién soy yo?

Moises

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Éxodo 3:11

Moisés se encuentra ante uno de los hechos más increíbles que le podría pasar a un ser humano, Dios mismo ha venido a su encuentro para pedirle que cumpla con la gran e importante misión de liberar a su pueblo.

Ante aquella magnifica visión celestial y aquel llamado, Moisés reacciona con la siguiente pregunta: ¿Quién soy yo…?

La biblia nos narra que Moisés en aquel momento tenía 80 años de edad, había invertido 40 años de su vida con la noble intención de convertirse en un gran hombre y así poder ayudar a sus hermanos los cuales eran tratados como esclavos, su propia madre que había arriesgado su vida para salvarlo y criarlo le había enseñado sus orígenes y él al llegar a esa edad se sentía listo para cumplir su sueño y ayudar a su nación.

Un día al ver a uno de sus hermanos siendo vilmente maltratado decide erradamente tomar venganza y termina matando a un egipcio lo cual provocaría que sea acusado por uno de sus hermanos a los cuales intentó ayudar y ahora debe huir por su vida y abandonar todos sus planes y sueños.

Ahora han pasado 40 años más, él jamás pensaría que aquel sueño que tuvo que abandonar se cumpliría, ha vivido todo este tiempo de seguro reflexionando y lamentándose lo sucedido hace ya tanto tiempo.

Pero ahora Dios mismo se le presenta, tiene una oportunidad para volver a soñar y retomar aquel destino que quedó truncado pero él no se siente preparado para realizarlo.

Dios le está hablando, pero en su mente él solo piensa: Yo soy un asesino, soy un fraude, soy aquel que fue despreciado por su pueblo, soy aquel que no pudo cumplir con las expectativas que tenían los demás en mí. ¿Quién soy yo para poder cumplir esa misión?

Muchas veces en nuestra vida cristiana nos sentimos animados y tenemos grandes expectativas y sueños hasta que llegamos a un punto en donde nos estancamos, puede ser un momento de crisis o algún pecado o error que nos hace pensar que debemos abandonar aquellos sueños y planes que Dios tenía para nosotros.

Pero si hoy estás leyendo esto es porque Dios te quiere usar, Él quiere que vuelvas a soñar y que cumplas aquellos planes que tenía destinados para ti.

Y él respondió: Vé, porque yo estaré contigoÉxodo 3:12

Dios no le da la razón a los miedos o dudas de Moisés, por el contrario le dice que Él lo va a acompañar, el amor de Dios es tan grande que Él no mira nuestro pasado, Él te ama y si tú le buscas, Él te usará y te acompañará hasta que logres cumplir tu destino.

No busques más pretextos o excusas y escucha el llamado de Dios.

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Publicado por en 23 noviembre 2014 en Reflexiones

 

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Debajo de tus alas

abrazar a Jesús

Corazón mío no temas, volvamos a su abrazo y todo estará bien, podemos descansar al sentir su presencia.

Dios mío envuélveme en tus brazos otra vez, escóndeme debajo de tus alas y has descansar a mi alma abatida.

Perdona mis pecados y limpia las manchas de mi interior, porque te necesito y sin Ti me siento morir.

Padre mío perdona la terquedad de mi corazón, la rebeldía con la cual me separé de tus brazos.

No hagas memoria de mis faltas, por tu misericordia te pido que perdones las debilidades de mi alma.

Mi corazón ruega por sentir tu abrazo lleno de amor, por sentir tu presencia y el calor de tu corazón.

Muéstrame el Camino que debo seguir para poder vivir siempre resguardado por tu presencia.

Quiero correr y abrazarte eternamente, decirte lo mucho que te amo y lo mucho que mi corazón te anhela.

He decido que no quiero vivir más sin estar bajo tu cubierta, no quiero pasar un día sin tu compañía.

Guárdame a tu lado, ten piedad de mí y protégeme hasta que las penas y crueldad se terminen.

Cuando la vida se pone difícil Tú eres el refugio en donde me siento seguro, solo en Ti puedo confiar plenamente.

Soy dichoso por conocerte, solo a Tu lado puedo sonreír de verdad y olvidar los errores del ayer.

Mi corazón se alegra al saber que me acompañas, soy como un niño que necesitaba sentirse seguro.

Y hoy te abrazo con todas mis fuerzas y te ruego que me ayudes a nunca apartarme de aquel abrazo que me ha llenado de amor y vida eterna.

 
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Publicado por en 9 noviembre 2014 en Reflexiones

 

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Me rescató porque me ama

Salmos 18:19 Me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí.

Otra versión dice: El Señor me rescató porque me ama; él me llevó a un lugar seguro.

Antes de conocer realmente a Dios no entendía porque había personas capaces de dar su vida por Él, ni tampoco comprendía la magnitud de su amor.

sanando al leprosoLa biblia cuenta una bella historia en Mateo 8:1-3: Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.

Hace dos mil años atrás la lepra era considerada una enfermedad muy contagiosa y una maldición.

Las personas infectadas debían vivir aisladas de la civilización y se tenía estricto cuidado con todo aquello que había sido tocado por los infectados, incluso debían usar campanas o gritar para anunciar que se acercaban y así los demás pudieran alejarse de ellos.

Ser leproso significaba vivir en soledad, ser alejado de tu familia y seres queridos, el tener que soportar el dolor de su piel al podrirse y la deformidad que causaba la enfermedad.

Aquellas personas debían estar sumamente cansadas de ese tipo de vida, debían sentirse sumamente tristes y decepcionadas, tendrían que haberse acostumbrado a ser rechazados, deberían estar muy deprimidas por no poder encontrar un refugio en el cual sentirse seguras y quizá hasta culpables de tener esa enfermedad.

Pero un día un leproso escuchó de alguien que podía cambiar su vida, que podía sanar cualquier enfermedad, su nombre era Jesús.

Aquel hombre se armó de valor, se llenó de fe, él estaba cansado de ese tipo de vida, estaba harto de tanto dolor y rompiendo todas las reglas se acercó donde Jesús.

Jesús estaba predicando y le seguían muchas personas de todas las edades, imagino que muchos deben haberse llenado de espanto, quizás muchos le habrán exigido que se aleje mientras huían pero Jesús permaneció a su lado.

Él sabía que Jesús podía irse, que no era su obligación que hiciera algo por un extraño como él y encima pecador, por eso se arrodilló y le dijo: Señor, Si quieres puedes limpiarme.

Jesús debió haberlo mirado con compasión y amor, lo tocó y le respondió: Quiero, sé limpio.

Para aquel hombre ese acto y esas palabras significaban compasión, paz, libertad, el comienzo de una nueva vida, ese momento debe haberlo marcado porque por primera vez en mucho tiempo su corazón sintió amor.

Jesús lo rescató de su enfermedad porque lo amaba.

Hoy en día existen muchas personas que físicamente pueden estar sanas pero tienen el alma llena de heridas, viven en soledad aunque no se den cuenta, quizá su piel no esté enferma pero sus rostros reflejan las marcas y el dolor de un alma triste y deprimida.

Están rodeadas de hipocresía, hace mucho tiempo que no sienten afecto verdadero, no saben lo que es el amor y muy en el fondo se sienten mal por sus faltas y errores.

Pero al igual que aquel leproso podemos acercarnos a Jesús y saber que Él quiere rescatarnos del dolor de nuestros pecados y llevarnos a un lugar seguro en donde podemos hallar verdadera paz.

Cuando pasamos por esa experiencia nuestra vida cambia y entonces Jesús se convierte en nuestro todo, no existe nada más importante que Él porque sin merecerlo, Él nos amó.

Ésa es la razón por la cual estamos dispuestos a dar hasta la vida porque aunque muchos nos rechazaron, aunque estábamos llenos de faltas y podíamos ser despreciados, Él nos rescató, nos demostró su amor y nos llevó a sus brazos para que estemos seguros.

 
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Publicado por en 25 mayo 2014 en Reflexiones

 

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El Mesías

mesías

¿Quién creyó en él? Pues no vino como muchos lo esperaban, no se apareció a su nación montado en un caballo blanco ni se les reveló con soldados a su retaguardia.

Al mundo vino humildemente en un pesebre, su hospedaje en la tierra no fue como el de los reyes, pero Rey más grande que Él no lo habrá jamás.

Compró nuestra salvación sin derramar sangre ajena, pero toda su sangre la vertió para lograr nuestra libertad.

Cómo un renuevo que florece ha sido su reinado, empezó con una semilla de pasión, para convertirse ahora en un reino de amor, de paz y de esperanza a todos aquellos que en Él creen y se han refugiado en sus confortantes brazos.

Vivió entre nosotros pero no era de nosotros, se despojó de su gloria y empezó su obra sanando enfermos, liberando demonios, ayudando a los necesitados y predicando las buenas nuevas.

Su mensaje confrontó los corazones orgullosos y escasos de misericordia, y aún en nuestros tiempos muchos cierran sus oídos al fuego que llevan sus palabras.

En verdad Él es la vida, cada una de las marcas en su piel simbolizaron la paz de nuestras almas, nuestra sanidad se logró en los agujeros que causaron enormes clavos en su ser, en las espinas que atravesaron su sien, en los latigazos que tiraron y desgarraron su joven piel, en el dolor extremo que no quiso gritar para demostrarte su amor sin fin.

Él fue castigado por todos nuestros fracasos, Él se obligó a llevar sobre sí mismo nuestros castigos, el dolor que nos correspondía cargar aplastaba sus heridas, su sangre fue vilmente derramada por la nuestra, lágrimas de las cuales Él era indigno de llevar corrieron por sus mejillas, gemidos y suspiros que nos correspondían a nosotros decir, salieron de su boca por amarnos sin medida.

La ansiedad lo agobiaba y el miedo de no poder cumplir con su misión lo sobrecogían, el enfado intentó hacer meollo en sus pensamientos y la tristeza hizo que el tener que soportar aquel dolor fuera muy intenso.

Quizá miró sus manos un instante, estaban rojas, ensangrentadas y severamente lastimadas.

No había nada sano en su piel, su barba arrancada había hecho que su rostro se ensanchara, las gotas de sangre que corrían desde su cabeza a causa de los golpes, las caídas y las espinas le impedían ver bien, sus labios estaban desgarrados y su lengua agonizaba por una gota de agua.

Sin embargo Él era Dios, podía desmenuzar el poder de aquellos que le atormentaban, pudo si quería hacernos pagar lo mismo que le hicimos sufrir, pero no abrió su boca para condenar sino que pidió misericordia por nuestra ignorancia.

Aquella cruz donde Él fue clavado, fue el acto más bello de amor que se haya visto por nosotros pecadores, ese acto gritó amor, esperanza y salvación para todo aquel que cree.

De tal manera nos amó Dios que dio a su hijo unigénito, aquel Verbo de vida, con su último suspiro dijo: Consumado es.

Pero el Padre Celestial que nunca se olvida de sus hijos, lo llenó de gloria y majestad, nuestro Mesías resucitó al tercer día, dándonos a nosotros juntamente la victoria.

Nuestro Mesías nos comprende, Dios no nos deja desamparados, porque Él conoce el rechazo, la soledad, la tristeza, el dolor, la inseguridad y todas aquellas cosas que nosotros atravesamos.

Un solo Mesías, un solo Camino al padre, Jesucristo nuestro Salvador, el hijo de Dios.

Hosanna sea en las alturas y gloria sea al Rey que nos concedió la vida, pues con un acto ha dado paz a los hombres y sanidad a las naciones.

Hoy esas palabras pueden ser una historia más o el comienzo de una nueva vida.

Quiero que usted entienda que Jesús nos amó sabiendo exactamente como somos, se sacrificó sabiendo las veces que fallaríamos o el mal que causaríamos.

Jesús puede ser una piedra de tropiezo o un Mesías que restaure su vida y sané las heridas que carga su corazón.

Hoy lo invito a recordar este hecho, a creer y a vivir una hermosa vida junto a Él.

Bendito sea por siempre mi Mesías, mi amado Cristo y mi gran Salvador. Amén

 
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Publicado por en 3 noviembre 2013 en Reflexiones

 

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En tu abrazo

Como un niño soy delante de ti, Tú eres el creador y yo la creación.

Tú nos creaste, nos formaste, entretejiste nuestra piel, viste nuestro nacer y nunca te has apartado de nuestro lado sino que estuviste pendiente a cada acto, a cada palabra, esperando que te reconociéramos otra vez.

Crecimos y nos apartamos de Ti, dejamos a un lado tu tierno abrazo y tu dulce compañía, nos sentimos desamparados y no sabíamos porque, comenzamos a sentir el vacío de Tu ausencia y no lo comprendíamos.

Hasta que ese día llegó, el día en el cual ya no dábamos más, el día en que el peso de nuestros pecados se hizo insoportable, el día en que por fin nuestro corazón de piedra se quebrantó y por un instante te recordamos, pero ese instante fue suficiente para cambiar toda nuestra existencia.

Oh, que dulce día en que por fin volvimos a tu tierno abrazo, regresamos a tu dulce presencia, y al estar junto a Ti, nuestro corazón cambió, al sentir tu tierno abrazo la paz nos embargó.

Vivir junto a Ti es reconocer que Tú eres nuestro Padre, vivir junto a ti es saber que cuando los problemas vienen hacia nosotros, hay un Padre con los brazos abiertos dispuesto a cuidarnos y protegernos.

En tu abrazo es donde me siento seguro mí amado Dios, en tus brazos puedo sentirme confiado aunque la tierra se estremezca, en tu dulce compañía puedo saber que no importa que pase Tú siempre me sostendrás.

Jesús abrázame y no me sueltes, que pueda sentir cada latido de tu corazón, que pueda yo sentir el calor de tu compañía, que pueda oír tu dulce voz enseñándome todo aquello que debo aprender.

Gracias mi Dios porque tu compañía me transforma, tu compañía me conforta.

Gracias mi Dios porque al estar junto a Ti hallo paz y descanso.

Gracias mi Dios porque puedo sentir tu abrazo en cada tormenta dándome seguridad, puedo sentir tu abrazo cada vez que las fuerzas me faltan para darme valor, puedo sentir tu abrazo en las tristezas para darme alegría y siento tu abrazo cada vez que me acerco a Ti para que no dude de tu fiel compañía.

 
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Publicado por en 15 noviembre 2012 en Reflexiones

 

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1ooo oraciones a Dios Parte III

51. Como la suciedad no sale sino se lava con agua así el pecado no puede ser borrado sin Tu sangre la cual fue derramada por amor en la cruz.

52. El amor se podía ver en cada gota de sangre, tu misericordia se podía ver en cada azote que recibiste, tu gracia pudo verse cuando eras clavado en la cruz y tu fidelidad se pudo ver mientras permitiste que te pusieran una corona de espinos sobre tu cabeza.

53. Esa cruz declaró tu gran amor, aquel piso cubierto de sangre era una declaración de que nos amaste tanto que no importó dar tu vida por amor a mí.

54. Oh, Jesús ayúdame a amarte de la misma manera, que sea yo capaz de negarme a mi mismo para darte mi amor a Ti.

55. Jesús salvador de mi alma, enséñame a abstenerme de todo aquello que me aparta de ti para que mi amor por Ti sea tan sincero como el que Tu me demostraste.

56. Mi cuerpo tiene deseos y mi alma sueños pero mi corazón te ama, ayúdame Redentor a vencer esas luchas internas para que pueda serte fiel en todo tiempo.

57. Sea la santidad mi forma de demostrarte mi aprecio, sean mis acciones la manera en la que te demuestro la sinceridad de mi amor.

58. Espíritu Santo guíame en cada decisión, muéstrame aquellas cosas que no veo, se tu mi fiel Consolador que me ayuda cada día.

59. La maldad de mi corazón limpia cada día, que aún mis pensamientos sean una habitación agradable a mi Señor.

60. Espíritu de Dios enciende este corazón que se ha quedados a oscuras por la tristeza y el dolor, vuelve a hacer brillar este corazón que quiere irradia la luz de mi Salvador.

61. Halle mi corazón descanso en tus manos, pueda yo encontrar alegría y amor en tus dulces brazos mi Dios.

62. Permíteme entrar al lugar de tu morada, aquel bello lugar donde encuentro esperanza y fe para poder vivir cada día.

63. Sé Tu el brillo en mi mirar, sé Tu la razón de mi sonrisa, sé Tu el motivo por el cual canto, sé Tu la pasión por la cual vivo cada día.

64. Gracias por amar a este pobre pecador, tan lleno estaba yo de odio y pena pero tu fuiste el bálsamo que curó mis heridas, fuiste la medicina que curó la enfermedad de mi corazón.

65. ¿Podrá vivir mi corazón sin Ti o sería yo el mismo sin mi Dios?

66. Eres tu el brillo que alumbra mi oscuridad, eres la fuerza que me motiva cuando débil estoy, eres tu el amor de mi corazón, eres tu la base sobre la cual me apoyo, eres el eje sobre el cual gira mi vida, eres el sol que alumbra mi caminar, eres el oxigeno que me ayuda a vivir, eres el abrazo que me consuela en las tristezas y eres el buen Padre que siempre me amará.

67. A veces me enojo de mi debilidad, porque no puedo entender como puedo ser capaz de dudar de Ti sabiendo y viendo todo lo que haz hecho por mí.

68. Lo único que odio son aquellos momentos en los cuales alejo mi vista de ti, porque no mereces mi desprecio por el contrario eres digno del más puro y bello amor que te pueda dar.

69. De nada importaría si pudiera satisfacer cada uno de mis deseos y cumplir todos mis sueños si te pierdo a Ti, porque Tú eres la razón por la cual vivo, eres lo único que me ayuda a amar, eres la única verdad, eres todo aquello que es bueno en mi.

70. La noche más oscura la viví el día que me alejé de ti, el día más triste fue el día en que me aparte de tu caminar y por eso te pido que me ayudes a mantenerme firme en Ti.

71. Oh, Jesús te pido que me ayudes en el día de la prueba y que tu mano me sostenga en el día de mi angustia.

72. Amor, eso es lo que busca mi corazón y en ti siempre puedo hallarlo, un amor inagotable que durará por la eternidad.

73. Una pregunta siempre tenía mi alma, una duda siempre había en mi pensar, un presentimiento había en mi corazón sobre que más necesitaba encontrar, sobre cual era la razón del vivir y la respuesta simplemente eres Tu.

74. Gozo existe en los corazones de aquellos que has llenado con tu paz, alegría se ve en el rostro de aquellos que has sanado su corazón, felicidad es la respuesta del alma que te halló.

75. Amado Salvador, gracias porque tu amor fue más grande que mi terquedad, gracias porque tu misericordia pudo más que mi rechazo, gracias porque tu perdón fue más grande que todos mis errores, gracias por que tu fidelidad fue más grande que mi duda, gracias porque tu esperanza fue más grande que mi impaciencia y gracias porque tu bondad fue más grande que mi maldad.

 
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Publicado por en 8 octubre 2012 en 1000 oraciones, Reflexiones

 

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1000 oraciones a Dios Parte II

26 He decido que seas mi obsesión, quiero que seas mi continuo pensar.

27 Muchas veces nos olvidamos de ti, pero Tú nunca dejas de vernos desde tu Santo trono.

28 Limpia mis manos y purifica mi corazón porque mi deseo más ferviente es ver tu gloria.

29 Quiero caminar a tu lado como lo hizo Enoc para poder tener un sinfín de conversaciones.

30 Llámame amigo, así como lo llamabas a Abraham, porque no quiero ser solo tu siervo, quiero ser merecedor de tu amistad.

31 He sido comprado por ti, ayúdame a ser útil a tus planes para mi vida y pueda yo ser una vasija de honra para Ti.

32 Sana las heridas de mi alma para que pueda amarte aún más de lo que yo ya te amo.

33 Rompe las murallas de odio que levanté para defenderme y pueda yo amarte con total libertad.

34 Derrama amor sobre este corazón que se encuentra sediento de Ti.

35 Repara mi mente que se encuentra tan trastornada por tanto dolor y ayúdame a que Tú llenes cada uno de mis pensamientos.

36 Sé Tú mi Dios, con el que constantemente sueño y pueda yo sentirte en cada suspiro.

37 Ayúdame a que mis días sean como un verso dedicado a Ti.

38 El mejor poema que quiero darte es mi vida consagrada a Ti.

39 No quiero serte infiel, dame las fuerzas que necesito para andar en santidad cada día.

40 El pecado no me apartará de Tu amor si Tú a mi lado estás.

41 Mi riqueza es el poder haberte conocido, mi Dios.

42 La sabiduría de mi ser es el temor que te tengo a Ti mi dulce Señor.

43 Torpe he sido las veces en que dudé de ti, porque Tú nunca me fallarás.

44 Fui un necio cuando pensé que algo más podría satisfacer el vacío de mi corazón.

45 Y a veces se me acaban las palabras, pero al abrir el corazón me doy cuenta que no habrán suficientes escritos que puedan expresarte mi amor.

46 Las palabras son cortas al intentar comparar tu hermosura, porque no existe nada que pueda describir la grandeza de mi Dios.

47 No existe medida con la cual pueda medir la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor con el cual mi Dios me ama.

48 Sin importar que pase te amaré sinceramente, y te desearé como la noche ansía la llegada de la luna y las estrellas.

49 Sin importar que suceda te amaré, como el cielo anhela los rayos del sol.

50 Te amo hoy y siempre mi dulce Jesús.

 
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Publicado por en 27 septiembre 2012 en 1000 oraciones, Reflexiones

 

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