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Persistiendo en la fe

caminar

Quiero compartirles uno de mis pasajes favoritos de la biblia: Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Isaías 26:3

La palabra perseverancia proviene del latín perseverantia, que significa: Mantenerse constante en un proyecto ya comenzado, una actitud o una opinión, aún cuando las circunstancias sean adversas o los objetivos no puedan ser cumplidos. Perseverar también es durar por largo tiempo.

Quiero contarles una historia real:

Hubo una pareja que por muchos años oraba para poder tener hijos, ambos estaban sanos pero por una extraña razón no podían tenerlos.

Luego de muchos intentos, oraciones y exámenes, un día el doctor les dice: Su mujer está embarazada, y luego se enterarían de que tendría mellizos.

Todo parecía ser felicidad para aquella pareja pero meses después uno de los exámenes revela que uno de los hijos se encuentra muerto en el vientre y el otro va a tener problemas serios si nace y les obligan a abortar.

Aquella pareja está devastada, ambos están molestos, deprimidos, decepcionados y se hacen preguntas como: ¿Qué Dios te regala algo y luego te lo quita? ¿Por qué deberíamos volver a confiar en Dios?

Aunque ambos se encuentran mal, intentan seguir asistiendo a la iglesia, y cuando la iglesia organiza un paseo, la esposa decide no asistir pero el esposo si asiste.

Durante el paseo el pastor les pide a los miembros que caminen por la naturaleza y que agradezcan a Dios por todo lo que tienen, pero aquel esposo se encuentra dolido y muy molesto y decide hacer lo contrario y camina por un camino lleno de cemento.

Pero mientras camina se da cuenta que el camino tiene grietas y entre aquellas grietas aparecen plantitas, literalmente la vida se va abriendo paso entre el cemento, luego ve una pequeña flor y comienza a sentir paz en el corazón, sus ojos comienzan a llorar y se da cuenta que a pesar de su esfuerzo de alejarse, Dios sigue con Él.

Aquella pareja tras ese suceso perseveran, no les fue fácil pero vuelven a confiar en Dios, y a los meses ellos se convirtieron en padres de tres bellos y sanos trillizos.

A veces parece que la vida nos golpea tan duro que parece que ya no podemos seguir, nos sentimos tristes, decepcionados, pensamos que Dios nos olvida, pero hoy Dios te está diciendo: Persevera porque yo nunca te dejaré, jamás te voy a dejar solo.

La fe no se demuestra en los buenos momentos, se demuestra en los momentos malos, en los momentos de crisis y es allí en donde Dios recompensa nuestra perseverancia y nos hace sentir paz aún en medio de las tormentas de la vida.

 
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Publicado por en 6 septiembre 2015 en Enseñanzas, Reflexiones

 

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Pastores de Belén

pastores

Un grupo de pastores yace pastando a sus ovejas en las vigilias de la noche.

Jaziz has visto las estrellas que nos ha regalado el cielo, no he visto estrellas más brillantes desde hace mucho tiempo, cuanto me alegra el poder pastorear a nuestro rebaño a las afueras de Belén.

Oh amigo, que tiene de bueno Belén la más pequeña de las ciudades para que siempre la añores, no creo que ninguna buena nueva podría salir de algo tan pequeño.

Jaziz no menosprecies las pequeñeces, pues, Dios mismo no lo hace, el hace grandezas aún con lo más pequeño.

Si fueran ciertas tus palabras, Dios ha de amar mucho a nuestra pequeña nación y sobre todo a nosotros, ya que somos solamente un grupo reducido de pastores.

Jaziz no te fijes solo en las apariencias, Dios sí ama a nuestra nación, y Dios ama a los pastores, recuerda aquel salmo en donde se dice que Dios es nuestro pastor, Él nos llevara a buenos pastos y nos hará ver cosas grandes si guardamos la fe.

Jazis recuerda las palabras de este humilde anciano, Dios siempre tiene un gran plan, Él puede usar desde un gran sacerdote hasta el más pequeño de los pastores, y si tienes fe Él va a usarte para grandes cosas.

Yo tengo fe, sé que a pesar de mis quejas, aún existe en mi corazón la esperanza de que Dios traiga salvación para todos nosotros…

Y Mientras Jaziz aún hablaba, un gran resplandor más fuerte que la luz de cualquier astro los cegó, y de entre aquel brillo una figura formidable les habló diciendo:

No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.

Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

El anciano lleno de júbilo exclamo: ¡El cielo te ha escuchado Jaziz, Oh Gloria a Dios en las alturas!

Vamos pronto, no te quedes quieto y seca esas lágrimas de alegría, , ¡Hoy ha nacido la esperanza y la salvación para todo el mundo!

Todos los pastores emocionados por la visón llegaron al pesebre, Jazis se acercó despacio para ver al recién nacido y al verle su corazón se llenó de gozo y amor, Jazis nunca más volvió a ser el mismo, desde aquel día aprendió a ver la vida con los ojos de la fe.

¡Les deseo una gran y feliz Feliz Navidad, les mando un gran abrazo a todos mis  amigos, hermanos, compañeros y lectores, que Dios los llene de bendiciones!

 
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Publicado por en 24 diciembre 2014 en Reflexiones

 

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¿Qué quieres que haga por ti?

Jesús preguntando

Yo te andaba buscando, porque necesitaba tu ayuda.

Sin imaginarlo viniste a mi encuentro, me miraste fijamente con una mirada sincera y muy tranquila mientras tus labios dibujaban una sonrisa, y me preguntaste: ¿Qué quieres que haga por ti?

Me quedé pensando, porque eran muchas las necesidades que tenía y mientras pasaba el tiempo me di cuenta que la lista parecía larga.

Al verte me di cuenta que seguías observándome, esperando que te respondiera y podía sentir que realmente parecía importante mi pedido.

Me armé de valor y respondí:

Señor, necesito que perdones mis errores, porque aunque soy joven sé que he lastimado a otros y que he fallado muchas veces.

Observé mis manos y le dije: Necesito que cambies mi corazón porque sé que está herido, manchado y descuidado.

Quisiera que me des paz, porque me preocupo muchísimo por cosas que no debería, tengo muchos miedos y me siento muy débil en mi interior.

Por favor ayúdame a creer, porque por ratos pierdo la fe, me cuesta mucho creer que las cosas puedan mejorar.

Callé por un rato, pero podía sentir tu mirada en mi rostro, así que continué…

Ayúdame a amar, porque soy muy egoísta, sé que cuando actúo no pienso en los demás.

Por favor, yo quisiera volver a empezar, quisiera creer que puedo vivir nuevamente.

Las lágrimas corrían por mi rostro y le dije: Perdóname porque sé que soy el responsable de las marcas de tus manos y que aunque yo no estuve allí, yo también clave tus manos, tus pies y te colgué en una cruz.

Dame esa voluntad para buscarte, para resistir las tentaciones que vienen constantemente, enséñame a amarte con todo mi corazón.

Guardé silencio y me sorprendió lo sincero que había sido mi corazón, pero no quería ocultarle nada de mí.

Sin pensarlo me abrazaste, y con voz suave me dijiste:

No te preocupes por el pasado, Yo ya te he perdonado.

Entrégame tu corazón, Yo lo cuidaré, lo limpiaré y lo llenaré con mi amor.

Estas marcas no son un castigo por tus faltas sino una muestra de mi amor genuino por ti.

Te amo hijo mío y a partir de ahora caminarás conmigo, Yo seré tu ayuda y si crees en mí, nunca más estarás solo.

Y aquel abrazo fue para mí el inicio de una nueva vida.

 
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Publicado por en 14 septiembre 2014 en Reflexiones

 

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Cuando veo los cielos

firmamento

Salmos 8:3-4 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?

Cuando veo los cielos no puedo evitar sentirme tan pequeño y pienso en lo mucho que me falta por conocerte.

Al levantar la vista y mirar aquel hermoso manto celeste, no puedo dejar de sentir paz y soñar con verte pronto.

He contemplado amaneceres tan preciosos que jamás podría dudar de la existencia de Dios.

He visto atardeceres tan bellos y me imagino a Ti escogiendo los tonos adecuados para pintar en los aires aquella hermosa obra.

Me he sentado solo en las noches, mirando con fascinación las estrellas admirando tu gran ingenio y creatividad.

Yo sé que eres Tú, Dios esa es tu forma de decirnos que nos amas.

He aprendido que en cada amanecer nos dices que sigues con nosotros y que cada día son nuevas tus misericordias.

En cada atardecer puedo sentir tu gran amor embargándome como si abrazaras mi corazón.

En las noches puedo apreciar como la luz de una aparente pequeña estrella puede vencer la más terrible oscuridad.

Yo sé que eres Tú, diseñando todo para decirnos que nos amas.

Cada día al levantarme puedo confiar que sin importar que no salga el sol, tu siempre me acompañarás.

No hay tarde en que pueda dudar que a pesar de todos los cambios Tú sigas teniendo el control de todas las cosas.

Al caer la noche me doy cuenta que aún en la oscuridad no debo temer porque Tú me acompañas.

Yo sé que eres Tú, orquestando el universo para decirnos que nos amas.

Cuando veo los cielos no puedo evitar maravillarme y soñar con todas aquellas cosas que me faltan descubrir de Ti.

Al levantar la vista y mirar aquel hermoso manto celeste, no puedo dejar de experimentar tanta paz y sentirme verdaderamente amado por conocerte.

 
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Publicado por en 1 junio 2014 en Reflexiones

 

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Me rescató porque me ama

Salmos 18:19 Me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí.

Otra versión dice: El Señor me rescató porque me ama; él me llevó a un lugar seguro.

Antes de conocer realmente a Dios no entendía porque había personas capaces de dar su vida por Él, ni tampoco comprendía la magnitud de su amor.

sanando al leprosoLa biblia cuenta una bella historia en Mateo 8:1-3: Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.

Hace dos mil años atrás la lepra era considerada una enfermedad muy contagiosa y una maldición.

Las personas infectadas debían vivir aisladas de la civilización y se tenía estricto cuidado con todo aquello que había sido tocado por los infectados, incluso debían usar campanas o gritar para anunciar que se acercaban y así los demás pudieran alejarse de ellos.

Ser leproso significaba vivir en soledad, ser alejado de tu familia y seres queridos, el tener que soportar el dolor de su piel al podrirse y la deformidad que causaba la enfermedad.

Aquellas personas debían estar sumamente cansadas de ese tipo de vida, debían sentirse sumamente tristes y decepcionadas, tendrían que haberse acostumbrado a ser rechazados, deberían estar muy deprimidas por no poder encontrar un refugio en el cual sentirse seguras y quizá hasta culpables de tener esa enfermedad.

Pero un día un leproso escuchó de alguien que podía cambiar su vida, que podía sanar cualquier enfermedad, su nombre era Jesús.

Aquel hombre se armó de valor, se llenó de fe, él estaba cansado de ese tipo de vida, estaba harto de tanto dolor y rompiendo todas las reglas se acercó donde Jesús.

Jesús estaba predicando y le seguían muchas personas de todas las edades, imagino que muchos deben haberse llenado de espanto, quizás muchos le habrán exigido que se aleje mientras huían pero Jesús permaneció a su lado.

Él sabía que Jesús podía irse, que no era su obligación que hiciera algo por un extraño como él y encima pecador, por eso se arrodilló y le dijo: Señor, Si quieres puedes limpiarme.

Jesús debió haberlo mirado con compasión y amor, lo tocó y le respondió: Quiero, sé limpio.

Para aquel hombre ese acto y esas palabras significaban compasión, paz, libertad, el comienzo de una nueva vida, ese momento debe haberlo marcado porque por primera vez en mucho tiempo su corazón sintió amor.

Jesús lo rescató de su enfermedad porque lo amaba.

Hoy en día existen muchas personas que físicamente pueden estar sanas pero tienen el alma llena de heridas, viven en soledad aunque no se den cuenta, quizá su piel no esté enferma pero sus rostros reflejan las marcas y el dolor de un alma triste y deprimida.

Están rodeadas de hipocresía, hace mucho tiempo que no sienten afecto verdadero, no saben lo que es el amor y muy en el fondo se sienten mal por sus faltas y errores.

Pero al igual que aquel leproso podemos acercarnos a Jesús y saber que Él quiere rescatarnos del dolor de nuestros pecados y llevarnos a un lugar seguro en donde podemos hallar verdadera paz.

Cuando pasamos por esa experiencia nuestra vida cambia y entonces Jesús se convierte en nuestro todo, no existe nada más importante que Él porque sin merecerlo, Él nos amó.

Ésa es la razón por la cual estamos dispuestos a dar hasta la vida porque aunque muchos nos rechazaron, aunque estábamos llenos de faltas y podíamos ser despreciados, Él nos rescató, nos demostró su amor y nos llevó a sus brazos para que estemos seguros.

 
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Publicado por en 25 mayo 2014 en Reflexiones

 

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Vuelve a mí

pensamientos del Espíritu

Hijo mío has hechos muchas cosas buenas, me has seguido y has guardado la fe pero debes saber que todo eso no sirve si pierdes tu primer amor.

Yo te recogí cuando todos te dejaron, yo te abracé cuando nadie quería estar cerca de ti y desde el principio siempre te he amado.

Recuerda de donde te rescaté, recuerda el amor que te mostré, no olvides nunca que mis brazos están siempre abiertos para recibirte.

Vuelve al primer amor, búscame con sinceridad, háblame que Yo deseo escucharte y acércate a mí porque yo quiero tenerte a mi lado.

Entiende hijo mío que Yo soy más que suficiente, solo yo puedo llenar tu corazón, solo Yo puedo llenar cada rincón vacío de tu interior.

No basta con hacer obras, no basta con ganar al mundo entero porque lo más importante es el amor y Yo soy el amor.

Sé que muchas han sido tus pruebas, sé que has decidido esconder el corazón, pero tú siempre puedes confiar en mí, Yo nunca fallo, Yo jamás traiciono.

Vuelve a mí y te daré de comer del árbol de la vida y nunca más tu corazón volverá a tener hambre.

Vuelve a mí, hijo mío y tu recompensa será el paraíso que tengo preparado para ti y para todos aquellos que me aman.

Vuelve tu corazón a mí, no te pierdas en las mentiras del mundo o en los engaños de las riquezas porque solo te conducirán a que se cumplan todos tus miedos.

En mí está la vida, la paz, la fuerza, la esperanza y el amor.

Vuelve hijo mío al Padre que te ama, al Padre que ha sido misericordioso contigo y te dará más de lo que tu mente pueda imaginar.

Vuelve a tu hogar, a aquel lugar en donde tu alma puede hallar descanso.

Aléjate de todo aquello que te aparta de la verdad y vuelve corriendo a los brazos amorosos que nunca te soltarán.

 
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Publicado por en 27 enero 2014 en Reflexiones

 

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El Mesías

mesías

¿Quién creyó en él? Pues no vino como muchos lo esperaban, no se apareció a su nación montado en un caballo blanco ni se les reveló con soldados a su retaguardia.

Al mundo vino humildemente en un pesebre, su hospedaje en la tierra no fue como el de los reyes, pero Rey más grande que Él no lo habrá jamás.

Compró nuestra salvación sin derramar sangre ajena, pero toda su sangre la vertió para lograr nuestra libertad.

Cómo un renuevo que florece ha sido su reinado, empezó con una semilla de pasión, para convertirse ahora en un reino de amor, de paz y de esperanza a todos aquellos que en Él creen y se han refugiado en sus confortantes brazos.

Vivió entre nosotros pero no era de nosotros, se despojó de su gloria y empezó su obra sanando enfermos, liberando demonios, ayudando a los necesitados y predicando las buenas nuevas.

Su mensaje confrontó los corazones orgullosos y escasos de misericordia, y aún en nuestros tiempos muchos cierran sus oídos al fuego que llevan sus palabras.

En verdad Él es la vida, cada una de las marcas en su piel simbolizaron la paz de nuestras almas, nuestra sanidad se logró en los agujeros que causaron enormes clavos en su ser, en las espinas que atravesaron su sien, en los latigazos que tiraron y desgarraron su joven piel, en el dolor extremo que no quiso gritar para demostrarte su amor sin fin.

Él fue castigado por todos nuestros fracasos, Él se obligó a llevar sobre sí mismo nuestros castigos, el dolor que nos correspondía cargar aplastaba sus heridas, su sangre fue vilmente derramada por la nuestra, lágrimas de las cuales Él era indigno de llevar corrieron por sus mejillas, gemidos y suspiros que nos correspondían a nosotros decir, salieron de su boca por amarnos sin medida.

La ansiedad lo agobiaba y el miedo de no poder cumplir con su misión lo sobrecogían, el enfado intentó hacer meollo en sus pensamientos y la tristeza hizo que el tener que soportar aquel dolor fuera muy intenso.

Quizá miró sus manos un instante, estaban rojas, ensangrentadas y severamente lastimadas.

No había nada sano en su piel, su barba arrancada había hecho que su rostro se ensanchara, las gotas de sangre que corrían desde su cabeza a causa de los golpes, las caídas y las espinas le impedían ver bien, sus labios estaban desgarrados y su lengua agonizaba por una gota de agua.

Sin embargo Él era Dios, podía desmenuzar el poder de aquellos que le atormentaban, pudo si quería hacernos pagar lo mismo que le hicimos sufrir, pero no abrió su boca para condenar sino que pidió misericordia por nuestra ignorancia.

Aquella cruz donde Él fue clavado, fue el acto más bello de amor que se haya visto por nosotros pecadores, ese acto gritó amor, esperanza y salvación para todo aquel que cree.

De tal manera nos amó Dios que dio a su hijo unigénito, aquel Verbo de vida, con su último suspiro dijo: Consumado es.

Pero el Padre Celestial que nunca se olvida de sus hijos, lo llenó de gloria y majestad, nuestro Mesías resucitó al tercer día, dándonos a nosotros juntamente la victoria.

Nuestro Mesías nos comprende, Dios no nos deja desamparados, porque Él conoce el rechazo, la soledad, la tristeza, el dolor, la inseguridad y todas aquellas cosas que nosotros atravesamos.

Un solo Mesías, un solo Camino al padre, Jesucristo nuestro Salvador, el hijo de Dios.

Hosanna sea en las alturas y gloria sea al Rey que nos concedió la vida, pues con un acto ha dado paz a los hombres y sanidad a las naciones.

Hoy esas palabras pueden ser una historia más o el comienzo de una nueva vida.

Quiero que usted entienda que Jesús nos amó sabiendo exactamente como somos, se sacrificó sabiendo las veces que fallaríamos o el mal que causaríamos.

Jesús puede ser una piedra de tropiezo o un Mesías que restaure su vida y sané las heridas que carga su corazón.

Hoy lo invito a recordar este hecho, a creer y a vivir una hermosa vida junto a Él.

Bendito sea por siempre mi Mesías, mi amado Cristo y mi gran Salvador. Amén

 
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Publicado por en 3 noviembre 2013 en Reflexiones

 

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