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Padre Excepcional

Lucas 15:17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

La historia es muy conocida, muchos la hemos escuchado de niños como una advertencia o enseñanza de lo que no debemos hacer, pero ya de adultos nos sentimos identificados con la historia de aquel joven.

Aquella parábola nos enseña y nos hace recordar:

  • Que no todos los que dicen ser amigos lo son, y que muchos fingen por interés.
  • Aprendimos que la vida es dura y que muchas veces no estábamos preparados.
  • Sabíamos que ciertas cosas eran malas pero las hicimos para poder encajar.
  • A lo largo de la vida fuimos seducidos por el mal y caímos en vicios y en tentaciones.
  • Nos dimos cuenta que por nuestro egoísmo alejamos a las personas que nos amaban.
  • Es muy duro y difícil levantarse después de una crisis.
  • Neciamente rechazamos las buenas enseñanzas de nuestros padres y del resto.
  • Nos entercamos en sueños que resultaron en tristezas.
  • Separados de Dios, nos sentíamos solos, abrumados, y angustiados.
  • Los momentos duros nos hacen recordar aquellos momentos de nuestra infancia.
  • Aquéllos momentos tristes nos enseñan a valorar las cosas importantes de la vida.

Uno nunca sabe cuánto nos aman nuestros padres, nuestra familia,  nuestras parejas o nuestros amigos hasta que pasamos por momentos difíciles.

Y sin importar cuántos errores hallamos cometido en la vida, tenemos un Padre celestial que con los brazos abiertos espera que volvamos al hogar.

Dios nos está esperando cada domingo, le dice a sus ángeles, miren como viene a mí encuentro.
Cada vez que oramos y le buscamos de corazón se alegra de que lo visitemos.
Y la iglesia es el lugar donde tú también puedes sentirte como en casa, ven al hogar.

Estando en esa situación aquel joven vuelve en sí, despierta y se da cuenta de sus errores, que tiene un padre que lo ama, y comienza a valorar aquellas pequeñas cosas que eran tan valiosas:

  • La paz de tener un refugio.
  • El amor genuino de personas que nos aprecian
  • El perdón que necesitaba.
  • La comprensión y no el sentirse juzgado.
  • Verdaderas amistades.
  • La plenitud de poder ser uno mismo.
  • Una mano
  • Un beso
  • Un abrazo cálido.
  • Unos brazos que siempre estarán esperando.
  • Y una nueva oportunidad para empezar otra vez.

Todas aquellas cosas las podemos encontrar en Dios y también en la iglesia.

Quizá no lo veas pero Dios está con los brazos abiertos esperando por ti.

Él quiere sanar las heridas que la vida te dejó, quiere acompañarte, quiere demostrarte que te ama, quiere hacer un banquete porque su hijo estaba perdido pero ha sido hallado, estaba muerto pero ha vuelto a la Vida, ha vuelto al hogar.

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Publicado por en 28 junio 2017 en Devocionales, Enseñanzas, Reflexiones

 

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Relatando la Pasión

Jesús, Juan y Pedro

Juan: Pedro, ¿Por qué me has traído aquí?

Pedro: Amigo, necesito pedirte un favor, quiero que me relates… La crucifixión de nuestro Señor.

Juan: ¿Por qué ahora? No deberías ya culparte, sé que nuestro Maestro te ha perdonado, yo me acerqué a ustedes y escuché parte de su conversación…

Pedro: Sé que me ha perdonado, le he dicho también cuanto le amo, y es por eso que quiero saber su pasión, así lo llamaste tú aquel día. Yo no estaba presente cuando se lo contaste al resto, pero hoy quiero conocer todo lo que aconteció, necesito saber todo lo que Él soportó por amor a nosotros.

Juan: Como recordáis, después de Getsemaní Jesús fue llevado por los soldados a ver al sumo sacerdote.

Pedro: Recuerdo el interrogatorio y… tenía tanto miedo, me avergoncé y temía por mi vida… no pude callar, y tras negarle el gallo cantó y su mirada se posó sobre mí… lloré amargamente y no me sentí digno de seguirle.

Juan: Sé lo que pasó y nadie te culpa por ello, siempre fuiste el más valeroso de nosotros.

En aquel interrogatorio primero ante Anás y luego ante Caifás fue muy golpeado… le escupían, le abofeteaban y se mofaban, todo lo que decían eran mentiras.

Muy de mañana lo llevaron con Pilatos, luego con Herodes y regresó otra vez a Pilatos.

Pedro: Es ridículo la cantidad de interrogatorios a los que fue sometido.

Juan: Los sacerdotes pagaron por testigos falsos que le acusasen, tenían miedo de una revuelta y querían matarle.

Pilatos tras le segunda entrevista, decidió que fuera el pueblo quien escogiera si lo liberaban a Él o a Barrabas.

Pedro: Escogieron a un asesino antes de aquel que había sanado a sus enfermos, que echó fuera sus demonios y predicó en su templo.

Juan: Pilatos lo mandó a azotar… Me encontraba con su madre y María Magdalena cuando comenzaron a azotarle… la sangre corría por su piel lacerada, pero Él no se quejaba, no reclamó nada.

Ciertamente Él fue una oveja llevada al matadero, durante toda esa tortura su mirada jamás cambió, seguía teniendo misericordia de aquellos que lo lastimaban cruelmente.

Pilato insistió pero obtuvo la misma respuesta del pueblo y tras lavarse las manos lo mandó a crucificar.

Pedro: Con su espalda… la cruz debió lastimarle terriblemente.

Juan: Fue peor que eso, los guardias no dejan de golpearle y le pusieron… una corona de espinas en su cabeza.

Era difícil reconocerle, los golpes habían desfigurado su rostro, tenía el rostro muy hinchado, la barba le había sido arrancada, su piel estaba toda manchada de sangre y lastimada.

Soportó el tener que caminar desangrándose y él solo cargó el peso de la cruz, hasta que poco antes de llegar y casi sin fuerzas fue ayudado y al llegar al Gólgota lo crucificaron.

Pedro: Hoy en la mañana mientras me preguntaba cuánto le amo no sabía todo esto, pero ahora que lo sé lo amo más que antes, y voy a demostrárselo, yo estoy dispuesto a dar mi vida porque por su amor fui perdonado a pesar de mis miedos y mis errores.

Juan: De tal manera nos amó que soportó todo aquello para darnos salvación, su amor jamás se termina, Él es el amor, y yo al igual que tú estoy dispuesto a pasar cárceles y pruebas por agradar a aquel que nos amó primero.

 
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Publicado por en 5 abril 2015 en Reflexiones

 

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Oración Sincera

oraciones

Aquí estoy Señor mío, me presento delante de ti porque Tú eres mi Padre y mi Dios.

Vengo a pedirte perdón por mis pecados, por mis faltas y mis rebeliones.

Tú conoces lo oculto de mi corazón, ves cada secreto y nada puedo esconderte.

No quiero usar máscaras delante de Ti, quiero tener un corazón sincero y decirte todo lo que mi corazón hoy siente.

Perdona mi orgullo, porque muchas son las veces en las que creo poder hacer las cosas a mí manera y no te consulto.

Me cuesta darme cuenta que Tú tienes el control de todas las cosas y que debo tener fe de que Tú todo lo haces hermoso.

Perdóname por la dureza de mi corazón, porque a pesar de lo mucho que te conozco, me es difícil abrirlo y decirte lo que pienso.

Me es difícil decirte que necesito Tu ayuda, que sin Ti no puedo hacer nada y que las cargas son muchas.

Perdóname por buscarte solo cuando tengo problemas, no quiero ser como aquellos hipócritas que solo piensan en Ti cuando todo les sale mal, enséñame a ser agradecido.

Perdóname por mis momentos de debilidad, por mis momentos de duda y por aquellos pensamientos que no te agradan.

Ayúdame a tener un corazón que busque de Ti, que te ame con pasión y que te sea fiel sin importar lo que ocurra.

Ciertamente eres un Dios bueno, reconozco mis faltas y que tus misericordias han sido muchas para conmigo.

Yo sé que sin Ti no existiría, cada vez que me acerco a Ti, recuerdo a aquel muchacho inseguro al cual Tú abrazaste y le dijiste: Te amo.

Vuélveme el gozo de conocerte, aquella alegría por saber que Tú me acompañas y me has perdonado.

Aleja de mi corazón las cargas del ayer, trae reposo a mi corazón y sostén mi mano para que pueda caminar a Tú lado.

Te entrego mi vida, te doy todos mis sueños y mi futuro te lo ofrendo hoy porque te amo.

Escucha esta oración sincera, haz que quienes la lean puedan buscarte con honestidad y escucha el clamor de tus hijos. Amén.

 
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Publicado por en 7 diciembre 2014 en Reflexiones

 

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Debajo de tus alas

abrazar a Jesús

Corazón mío no temas, volvamos a su abrazo y todo estará bien, podemos descansar al sentir su presencia.

Dios mío envuélveme en tus brazos otra vez, escóndeme debajo de tus alas y has descansar a mi alma abatida.

Perdona mis pecados y limpia las manchas de mi interior, porque te necesito y sin Ti me siento morir.

Padre mío perdona la terquedad de mi corazón, la rebeldía con la cual me separé de tus brazos.

No hagas memoria de mis faltas, por tu misericordia te pido que perdones las debilidades de mi alma.

Mi corazón ruega por sentir tu abrazo lleno de amor, por sentir tu presencia y el calor de tu corazón.

Muéstrame el Camino que debo seguir para poder vivir siempre resguardado por tu presencia.

Quiero correr y abrazarte eternamente, decirte lo mucho que te amo y lo mucho que mi corazón te anhela.

He decido que no quiero vivir más sin estar bajo tu cubierta, no quiero pasar un día sin tu compañía.

Guárdame a tu lado, ten piedad de mí y protégeme hasta que las penas y crueldad se terminen.

Cuando la vida se pone difícil Tú eres el refugio en donde me siento seguro, solo en Ti puedo confiar plenamente.

Soy dichoso por conocerte, solo a Tu lado puedo sonreír de verdad y olvidar los errores del ayer.

Mi corazón se alegra al saber que me acompañas, soy como un niño que necesitaba sentirse seguro.

Y hoy te abrazo con todas mis fuerzas y te ruego que me ayudes a nunca apartarme de aquel abrazo que me ha llenado de amor y vida eterna.

 
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Publicado por en 9 noviembre 2014 en Reflexiones

 

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Pueblo de Dios

cristianos

Los cristianos somos aquellos que hemos sido capaces de negarnos a nosotros mismos por seguir a aquel que nos compró por amor.

Nos sentimos como errantes y forasteros en un mundo hostil y cada vez más decadente, no conocemos patria en este mundo porque somos parte de una nación celestial.

Muchas veces incomprendidos y tratados como fanáticos, pero siendo parte de un linaje santo y un real sacerdocio.

Porque un pueblo como el nuestro nunca se ha visto antes y el mundo es indigno de nosotros.

Porque por fe movemos cada día montañas de dudas, de miedo y de rencor.

Hemos escogido el Camino del amor perfecto y a pesar de los obstáculos que se levantan saldremos victoriosos.

Podemos estar atribulados pero no angustiados; en apuros pero no desesperados; perseguidos pero no desamparados y derribados pero jamás destruidos.

Teniendo que soportar desde el comienzo vituperios, apedreamientos, azotes, prisiones, torturas o persecuciones.

Pero por la misericordia del Santo que nos escogió, el evangelio jamás se ha detenido, ni habrá quien pueda callar las voces de sus santos.

No hay prisión que pueda acallar la fe, ni captores que puedan encadenar el amor.

Y aun en estos tiempos somos despreciados por nuestra fe y muchos son vilmente convertidos en mártires.

Podríamos estar en peligro y verían en nuestros rostros el terror de la muerte pero nuestras miradas estarían llenas de misericordia y piedad por nuestros captores.

Somos capaces de dar la vida por la fe y amor a Dios y aunque nuestras almas griten ¡Libérennos! nuestros corazones gritarían ¡Perdónalos!

Tal contrariedad solo puede existir en nosotros, porque el amor que sentimos es mayor que cualquier emoción pasajera.

Oh pueblo mío y hermosa familia en Cristo, no olvidemos que aunque el mal se levante contra nosotros, nuestra redención está cercana.

Nos reuniremos pronto con aquel a quien hemos amado sin haberle visto y en su Reino eterno moraremos por siempre dichosos.

Amado Jesús ayúdanos a mantenernos firmes, que pueda nuestra fe ser más fuerte que nuestras dudas, que la paciencia venza nuestra ansiedad y que Tu amor derramado en nuestros corazones venza cualquier miedo.

Santo Dios ayúdanos cada día a ser aquel pueblo que conquistará la vida eterna y ayúdanos a llevar en nuestros cuerpos las marcas de tu fiel amor.

Gracias amado Dios porque sin merecerlo diste tu vida para hacernos hijos tuyos y herederos de la vida eterna.

 
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Publicado por en 21 septiembre 2014 en Reflexiones

 

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¿Qué quieres que haga por ti?

Jesús preguntando

Yo te andaba buscando, porque necesitaba tu ayuda.

Sin imaginarlo viniste a mi encuentro, me miraste fijamente con una mirada sincera y muy tranquila mientras tus labios dibujaban una sonrisa, y me preguntaste: ¿Qué quieres que haga por ti?

Me quedé pensando, porque eran muchas las necesidades que tenía y mientras pasaba el tiempo me di cuenta que la lista parecía larga.

Al verte me di cuenta que seguías observándome, esperando que te respondiera y podía sentir que realmente parecía importante mi pedido.

Me armé de valor y respondí:

Señor, necesito que perdones mis errores, porque aunque soy joven sé que he lastimado a otros y que he fallado muchas veces.

Observé mis manos y le dije: Necesito que cambies mi corazón porque sé que está herido, manchado y descuidado.

Quisiera que me des paz, porque me preocupo muchísimo por cosas que no debería, tengo muchos miedos y me siento muy débil en mi interior.

Por favor ayúdame a creer, porque por ratos pierdo la fe, me cuesta mucho creer que las cosas puedan mejorar.

Callé por un rato, pero podía sentir tu mirada en mi rostro, así que continué…

Ayúdame a amar, porque soy muy egoísta, sé que cuando actúo no pienso en los demás.

Por favor, yo quisiera volver a empezar, quisiera creer que puedo vivir nuevamente.

Las lágrimas corrían por mi rostro y le dije: Perdóname porque sé que soy el responsable de las marcas de tus manos y que aunque yo no estuve allí, yo también clave tus manos, tus pies y te colgué en una cruz.

Dame esa voluntad para buscarte, para resistir las tentaciones que vienen constantemente, enséñame a amarte con todo mi corazón.

Guardé silencio y me sorprendió lo sincero que había sido mi corazón, pero no quería ocultarle nada de mí.

Sin pensarlo me abrazaste, y con voz suave me dijiste:

No te preocupes por el pasado, Yo ya te he perdonado.

Entrégame tu corazón, Yo lo cuidaré, lo limpiaré y lo llenaré con mi amor.

Estas marcas no son un castigo por tus faltas sino una muestra de mi amor genuino por ti.

Te amo hijo mío y a partir de ahora caminarás conmigo, Yo seré tu ayuda y si crees en mí, nunca más estarás solo.

Y aquel abrazo fue para mí el inicio de una nueva vida.

 
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Publicado por en 14 septiembre 2014 en Reflexiones

 

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Tanto que decirnos

conversar con JesúsHay tanto que decir así que tomemos asiento y al igual que aquel apóstol déjame recostarme en tu pecho y decirte todo lo que siento.

Quiero contarte que hay muchas cosas que no logro decir en mis oraciones, tantos secretos que guardo en el alma y no sé cómo expresar.

Tengo que contarte que muchas son las veces en que me siento solo y que la frialdad de mi alma en ocasiones me asusta.

Debería contarte que mi corazón pareciera estar roto y que muchas veces creo que siento llorar en silencio a mi alma.

Recuerda que soy débil, que hubo momentos en donde fue difícil guardar la fe, yo quería explicaciones y dudé de Ti.

Quisiera decirte que soy como el hijo pródigo, que me sentía extraviado pero que hoy lo único que busco es Tú perdón y Tú abrazo.

Necesito que sepas que a pesar de todo yo de verdad te amo, que te necesito para vivir y que nada en mi vida tiene sentido sin Ti.

Hijo mío, no olvides que yo te amé primero y que no existe nada que te pueda separar de mi amor.

Recuerda que nunca estás solo, Yo prometí acompañarte hasta el fin del mundo.

No tengas temor porque soy Yo el que te sostiene y te sustentaré con la diestra de mi justicia.

Esfuérzate y sé muy valiente porque yo siempre estaré contigo.

Nadie te podrá hacer frente y si estás conmigo todo lo podrás.

Si te convirtieres de tus malos caminos yo te restauraré y delante de mí estarás.

Acércate a mí porque hay tanto que necesitas escuchar, mantén atentos tus oídos porque Yo también tengo mucho que decirte.

Porque yo también quiero que te recuestes en mi pecho, que sepas todo lo que necesito decirte y que sepas lo mucho que te amo.

 
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Publicado por en 20 julio 2014 en Reflexiones

 

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